El Mantón de Manila de las mujeres bargueñas

En Bargas (Toledo. Castilla-La Mancha. España) la indumentaria tradicional ha tenido una evolución muy singular en el que el Mantón de Manila ha acabado siendo el protagonista. El traje de bargueña se remonta al siglo XVIII y, como suele ocurrir en muchas zonas del país, la gente usaba un tipo de traje para trabajar pero lucía otro, mucho más rico y elegante, en los días festivos. Para su día a día, la mujer bargueña llevaba enaguas, falda plisada, camisa, delantal, faltriquera, cobijo y medias, y llevaba un pañuelo estampado de algodón (llamado  Indiana) sobre los hombros. Alrededor de 1850, el traje de bargueña se vio enriquecido con los coloridos y lujosos Mantones de Manila. “El mantón es lo que distinguía un traje de diario de un traje de fiesta por eso es el elemento principal. Por aquella época, hacia el 1840  y 1860, durante el reinado de Isabel II en España, hubo un boom de los Mantones de Manila. La reina los usaba y eso favoreció su difusión. Hay que destacar que antes no había tantos complementos en el vestir para distinguir un día de diario de otro de fiesta, y para ello teníamos los mantones. En cuanto a cómo conocieron las bargueñas la existencia del Mantón de Manila creo que es porque Bargas era un pueblo panadero que abastecía a la Corte y quizás en esos viajes llegó el primer mantón a la localidad y fue en ese momento cuando las bargueñas lo adoptaron a su vestimenta de fiesta”.

Mantón de Manila de alrededor de 1900 con cinco rosas bordadas.

Quién así nos cuenta la llegada del Mantón de Manila a Bargas es María José Gutierrez López, una apasionada y experta en la indumentaria tradicional bargueña que, además de haber colaborado en varias publicaciones relacionadas con el tema, dirige el espacio Tradición, una tienda especializada en Mantones de Manila antiguos que son la verdadera debilidad de María José. “La indumentaria es algo que siempre me ha llamado la atención. Me parece que es el mejor legado que nos dejaron nuestros ancestros. En Tradición hay cabida para el mantón antiguo del periodo entre 1810 a 1920, el modernista, que sería el más moderno que tenemos. Abarcamos una época bastante amplia y sin duda, la más rica del Mantón de Manila”. Para quien no conozca este bello accesorio, el Mantón de Manila es un manto de seda muy fina con bordados menudos realizados a mano con motivos principalmente florales y geométricos, que llega a España a través de la Ruta de la Seda desde el puerto de Manila (Filipinas) y de ahí su nombre.

La forma de llevarlos

Pero ¡ojo! No todos los Mantones de Manila sirven para llevar con el traje tradicional de Bargas. “Los mantones más adecuados son los Isabelinos y los Imperio, porque tenemos una manera especial de colocarlos: con pliegues muy chiquititos sobre los hombros, cruzados y ajustados al talle. Por esta razón es más fácil hacerlo con mantones que concentren el bordado en las esquinas y no mantones muy bordados o con flecos muy largos -puntualiza-. De hecho, los mantones con flores grandes en su día no fueron concebidos para la indumentaria sino para decorar. Son mantones de palco, son mantones que se llevaban a los toros, de decoración en casas, se ponían sobre pianos y demás pero no son mantones que en su día se bordasen para vestirlos”.

A la izquierda, Maria José Gutiérrez López mostrando cómo son los pliegues delanteros del mantón. A la derecha, su resultado en la espalda.

Estos requerimientos hacen que, con el paso de tiempo, sea cada vez más complicado encontrar Mantones de Manila antiguos. “Cada vez es más difícil encontrar mantones Isabelinos y sobre todo, que estén bien conservados tanto a nivel de manchas como de conservación de la seda. Los mantones bordados a mano no es que sean piezas de museo, es que son auténticas obras de arte. Desgraciadamente estamos condenados a que los mantones se pierdan con el paso del tiempo. En muchas partes de España los mantones grandes fueron divididos en cuatro partes para hacer mantones más pequeños y claro, estamos hablando de un número limitado de mantones antiguos. así que con los años, se acabarán perdiendo”. Y no es lo mismo un mantón bordado a mano que a máquina, aún teniendo también su importancia. “En España se empezaron a bordar los mantones entre 1920 y 1930 pero el auge fue a partir de 1940, en Cataluña. Las máquinas de coser las empezaron a usar en Barcelona y ahí empezaron a bordar los mantones a máquina, sobre crespón de seda“.

Mantón de Manila de 1890 bordado con rosas y claveles.

Siendo el Mantón de Manila una pieza tan especial y delicada, es normal que sea valorada en el seno familiar de los bargueños. “El traje de bargueña suele pasar de generación en generación sobre todo, el Mantón de Manila -dice María José-. Es más habitual que las faldas o los delantales por ejemplo, los vayamos adaptando a nuestro físico o a nuestra edad pero el mantón que es el elemento principal suele dejarse como herencia”. Gracias a eso, han sido los trajes de fiesta los que mejor se han conservado hasta la actualidad. “Lógicamente, los trajes de diario se usaban y acababan muy gastados. Además, creo que la gente sabe cómo guardar y conservar los Mantones de Manila adecuadamente en casa porque es una tradición que se hereda de madres a hijas, de abuelas a nietas… y aunque hay gente que siempre pregunta y te pide consejo, por lo general, en regiones donde el Mantón de Manila es pieza fundamental, la gente si sabe apreciarlos”.

Patrimonio para el futuro

Lamentablemente, hay piezas de indumentaria tradicional de Bargas que se ha perdido, como por ejemplo, las Indianas y eso que tengan mucho encanto…“Dejaron de usarse porque las Indianas se utilizaban a diario. Aquí en Bargas se conocían con el nombre de pañuelo tahonero -relata María José-. Hay una fotografía muy famosa de Juan Laurent (1819-1886) en una fachada de la casa de Aurora Morales. Sus hijos eran panaderos y las bargueñas de la imagen aparece con la Indiana”. Y también ha desaparecido la indumentaria festiva tradicional del hombre de Bargas. “El traje de bargueño que se ha conservado en el tiempo, es el traje de faena, el traje de trabajo y está compuesto de un blusón, de una tela bastante ruda, un pantalón de pana, alpargatas, fajín… era el traje de diario que los hombres acostumbraban a llevar al campo. Desgraciadamente hemos perdido el traje de fiesta que era común a muchas regiones españolas porque no era un traje especial en sí, era el traje generalizado de aquella época y consistía en un pantalón, un cinturón muy elaborado con bordados, una chaquetilla corta, un chaleco también bordado, un sombrero calañés… ese es el verdadero traje de bargueño, el que acompañaría a la mujer bargueña con Mantón de Manila. El que ha perdurado a través del tiempo, el que visten ahora mismo los hombres bargueños, es el traje de faena pero no corresponde con el traje festivo que vestimos las bargueñas”. 

A la izquierda, ‘Pareja con el traje típico de Bargas frente al mesón El Ventorro`, del pintor Andrés López Santiago, donde se puede ver el traje masculino. A la derecha, foto de Juan Laurent donde se aprecia cómo usaban las Indianas las bargueñas.

María José tiene clavadas dos espinitas. Por un lado, le encantaría que hubiera más uniformidad entre las bargueñas a la hora de lucir su indumentaria tradicional. “Espero que cada vez más se guarde un código apropiado a la hora de vestir porque eso es importante. No se puede vestir como cada uno quiera o considere. Hay que establecer unos cánones fieles a la historia y que sean reales, documentados gráficamente, de cómo vestían nuestras abuelas para que no se pierda la manera original de poner el Mantón de Manila, los largos de las faldas, los peinados o el calzado… Hay mucho por depurar. Admiro cómo en otras regiones, Aragón o Valencia por ejemplo, son fieles a su historia”.

Y por otro, no existe todavía en la localidad ninguna exposición permanente sobre indumentaria tradicional bargueña. “Es una pena pero en Bargas no hay mucho apoyo institucional a la hora de conservar la tradición del Mantón de Manila. En 2018 tuve la iniciativa de hacer en el pueblo una exposición sobre el traje de bargueña y me costó. En ese sentido, la gente tiene que tomar conciencia de su patrimonio cultural y esa riqueza se encuentra en las tradiciones y en los legados que nos han dejado nuestros antepasados. Indudablemente si Bargas se conoce tanto a nivel nacional como internacional es por el Cristo de la Sala y por sus bargueñas y es algo que desgraciadamente, no se tiene muy en cuenta entonces, todavía hay mucho camino por recorrer y del cual me siento responsable, entre comillas, por mi trabajo y por mi pasión por el traje de de Bargas y por supuesto, los Mantones de Manila”. 

Tradición. Calle Real, 29. Bargas. Toledo (España).