Sapo de Susi Gesto

El Sapo de Susi Gesto

El Sapo es una joya muy presente en la cultura del noroeste peninsular español, principalmente en Galicia y, aunque se lucen principalmente como adorno de los trajes tradicionales, no dejan de tener una curiosa historia e incluso, un lado místico. 

El Sapo procede de la imitación de las joyas de pecho de múltiples cuerpos con forma de triángulo invertido, e incluso los expertos también creen que procede de los rosarios de perlas que remataban en un colgante con forma de pera que adornaban los escotes. El nombre de sapo procede de la voz castellana con la que se conocían a las rosas del pecho, llamadas popularmente ‘galápagos’ por el parecido que tenían con las formas acorazonadas de las tortugas.

Vale, pero una tortuga es muy diferente a un sapo… ¿Por qué en Galicia a este tipo de joyas se les les denomina como ellos? Pues según Rafael Quitiá Pereira en su artículo Cornos, cairos, pezuños e outros amuletos de orixe animal publicado en la Revista Digital Galicia encantada, el uso de amuletos y talismanes de origen animal era muy habitual en la Galicia del siglo XVI y XVII. A estos anfibios y a piedras como el azabache o el coral, se les consideraba elementos de gran valor profiláctico capaces de proteger contra enfermedades. Así, las gallegas de aquella época se colgaban al cuello una bolsa negra con un sapo seco en su interior. El ritual (recogido en el ayuntamiento pontevedrés de Vilaboa) consistía en coger un sapo vivo y encerrarlo en un tarro para dejarlo morir de hambre y una vez seco, se introducía en la bolsa negra, se cosía a una cinta y se colgaba al cuello hasta que pasase el mal para el que era utilizado.

Actualmente los Sapos son colgantes, broches o pendientes realizados en oro, plata o plata chapada en oro, que puede ir adornados con azabache. Consta de tres cuerpos independientes que van unidos por anillas consiguiendo un conjunto que adquiere la forma de triángulo invertido. Los Sapos son habituales de encontrar en muchas joyerías y tiendas especializadas de Galicia pero, en Santiago de Compostela hay una orfebre, Susi Gesto que ha hecho una maravillosa reinterpretación del Sapo.

Susi pertenece a la tercera generación de orfebres de su familia. “La pasión que tenía mi padre por la joyería la trasladó a sus hijos. Cuando salíamos del colegio hacíamos los deberes en el taller de papa por lo tanto la herramienta, sobre todo el sonido que hacía cuando trabajaba con ella, la tenemos interiorizada. Si te crias en un taller desde muy niño lo llevas en el alma”, recuerda Susi. A la muerte de su padre, ella se hizo cargo del establecimiento. “Lo cogí de tal manera que se convirtió en mi vida. Me puedo pasar aquí sábados y domingos. Cuando monté aquí mi taller en Santiago hace diez años tenía muy claro que iba a utilizar las herramientas de mi padre y tenía que trabajar bajo su filosofía artesanía pura y dura”. 

A Susi Gesto le gusta mucho trabajar el Sapo pero… llevándolo a otro nivel. “ Cuando alguien entraba en la tienda me decía con un tono despectivo: ‘Esas son las piezas de las folclóricas’ A las quince veces de escucharlo me cansé y lo que hice fue hacerles más grandes. Si un sapo común mide como unos ocho centímetros yo hice uno de quince centímetros… En plan poderío”.

Otra de las características de sus Sapos que los hace diferentes es que en la filigrana introduce una aleación de cobre. “La combinación de azabache y plata me parece demasiado tradicional que no tiene nada de malo porque además, lo tradicional importa pero, lo que tiene la mezcla de la plata y el cobre es que tiene los dos toques: el de tradición y el de modernidad, lo viejo y lo nuevo. Luego está el tema de la ostentación. Para mi una joya no es algo para ostentar es otra historia”.

La filigrana artesanal, como la que ella hace lleva mucho trabajo. “Todo empieza por la fundición de los metales en el crisol del taller y después lo paso a la lingotera para hacer alambre. Después,  con la laminadora lo voy pasando de más a menos y estás como toda la mañana con eso porque la plata hay que parar a recocer porque si no la calientas para ablandarla (lo que es recocer) se abre. Cuando acabas de allí el alambre sale cuadrado y hay que ponerlo redondo y para conseguir eso utilizamos la hilera. Vas metiendo el filamento cuadrado y vas consiguiendo los diferentes grosores de alambre que necesitas”. Todo este proceso supone un día entero de labor. 

Para llegar a la pieza final hay que hacer también la composición de la filigrana. “Este proceso, como decía mi padre, es como pintar sobre lienzo de metal, porque ahora todas estas mini piezas las vas colocando ahí para hacer el dibujo. Luego, cuando tienes todo soldado, tienes que recortar todas las piececitos del interior y eso se hace con una segueta de las de marquetería… ¿A qué no lo parece? Imagínate la filigrana, toda soldada, con las bolitas, el acabado y todos estos huequecitos de aquí se recortan con la segueta y luego se le da movimiento a la pieza porque si es plana, como decía el la pieza está muerta”.