Charlar con Zuzana Líšková, la mente creativa detrás de Líšča, es adentrarse en un proyecto tan etnográfico como artístico. Su propuesta traslada principalmente la riqueza de los bordados y la indumentaria tradicional de los pueblos de Eslovaquia al lenguaje limpio y lineal del grabado en linóleo.
Mediante sus delicadas estampas minimalistas —bautizadas como linoKROJky—, su obra se ha posicionado como un puente clave entre el legado de las abuelas artesanas y una nueva generación que busca reconectar con su verdadera identidad cultural, huyendo de los clichés comerciales y del kitsch más superficial.
Una pasión heredada
El proyecto Líšča surgió de forma espontánea. Cuando le pregunto a Zuzana si hubo un momento específico que marcó el nacimiento de la marca, me confiesa que “no creo que recuerde un único momento específico. Fue simplemente un proceso, uno que llevó bastante tiempo”. La cultura tradicional ha estado presente en su vida desde la infancia, convirtiéndose en su principal fuente de inspiración: “La cultura popular tradicional ha estado conmigo —y con toda mi familia— desde muy pequeña. Parece totalmente natural que, cuando tu vida está tan profundamente entrelazada con algo, eso acabe reflejándose en tu trabajo creativo. Influyó no solo en mí, sino también en mis dos hermanos”.


Lámina que con una novia con el traje tradicional de Hrochoť y linograbado con una joven de Veľký Lipník. Obras de Zuzana Líšková a la venta en Lišča
Este legado familiar hunde sus raíces en las enseñanzas de su padre, quien le enseñó a bordar de niña, aunque sus encuentros más profundos con el folclore llegaron de la mano de su difunta abuela Zuzana, una auténtica portadora de tradición que fundó un grupo folclórico, escribió canciones y cosió indumentaria regional. “Mis padres se conocieron en un conjunto folclórico, así que mis hermanos y yo crecimos influenciados por todo el espectro de la cultura tradicional. Ni siquiera puedo poner en palabras lo que significa para mí. Es un regalo”, me dice.
Antes de dar forma a su universo creativo en Líšča, experimentó con joyería en resina, pajaritas y corbatas bordadas, de las que aprendió “paciencia, creo. Y la lección de que no debes rendirte simplemente porque algo no funcione o las cosas no vayan sobre ruedas”.
El nacimiento de linoKROJky
El punto de inflexión llegó al descubrir el grabado en linóleo en internet y adquirir un kit para principiantes. Al recordar su primera estampa, señala que “fue esa alegría inicial de probar algo nuevo”. Un papel clave en su evolución lo ocupó el libro Nuestros trajes (Naše kroje): “Yo ya conocía el libro mucho antes de empezar mi marca. Cuando comencé con el linóleo, busqué en libros patrones sencillos que pudiera intentar tallar. Las ilustraciones de este libro me parecieron lo bastante limpias y sencillas y se convirtieron en la base misma de mi trabajo”.

Dos linoKROJky que representan el traje folclórico masculino y femenino de Parchoviany realizados por Zuzana Líšková a la venta en Lišča
De ese descubrimiento visual nació el concepto de linoKROJky: “Me fascinaban las sencillas representaciones de personas con trajes folclóricos tradicionales. Decidí empezar a crear interpretaciones gráficas de varios trajes de diferentes pueblos eslovacos. No lo llamaría copia; es más bien una inspiración, porque empecé a crear mis propios diseños gráficos originales”. En cuanto al nombre, fruto de la coincidencia durante la pandemia y la búsqueda de nuevos caminos laborales, es ocurrencia de su exnovio Radko, y apunta: “Ni siquiera estoy segura de cómo se le ocurrió, pero le estoy increíblemente agradecida por ese nombre, ya que define toda mi obra”, siendo la figura de la linoKROJka el fundamento absoluto de su propuesta artística.
El reto de plasmar la tradición
Simplificar la abrumadora complejidad de la indumentaria tradicional en una estampa minimalista en pocos centímetros supuso un auténtico desafío técnico. “Al principio, los diseños eran solo contornos aproximados. Más tarde, a medida que mejoré mi técnica, comencé a añadir detalles. No puedo tallar cada uno de los elementos de una prenda específica —ya que la obra de arte mide solo unos 19 cm—, pero creo que he capturado los rasgos esenciales que definen el traje”. Tras sus primeras pruebas con materiales básicos, hoy prefiere emplear gubias tradicionales, linóleo blando Softcut, tintas inglesas Cranfield y papeles de alta calidad como Elle Erre y Fedrigoni.


Broches con dos bordados tradicionales eslovacos: la rosa de Zámutov y el corazón de Turná, ambos de Zuzana Líšková a la venta en Lišča
Su sólida formación como etnóloga y coleccionista eleva el listón de su exigencia artística: “Creo que tiene una influencia enorme. Me hace ser más exigente con mi propio trabajo porque quiero que todo esté bien. A veces probablemente espero cosas poco realistas de mí misma y de mi arte, pero siempre llego a un punto en el que sé que no puedo hacer más, y aun así me siento satisfecha con el resultado”. Combinar ese purismo etnográfico con el minimalismo gráfico es, en sus propias palabras, “¡muy difícil! Soy una verdadera perfeccionista con los detalles, así que a menudo me resulta bastante complicado. Simplemente tengo que hacer concesiones”.
Contra la desinformación
Para documentar cada pieza, la artista recurre a fotografías antiguas e ilustraciones de archivo en busca de singularidad y alegría visual. Aunque en el pasado realizaba trabajo de campo, hoy en día se apoya en una sólida red de etnólogos y lugareños: “Viajar por Eslovaquia me llevaría demasiado tiempo. En su lugar, suelo ponerme en contacto con otros etnólogos o personas de pueblos específicos que pueden proporcionarme la información que necesito. Gracias a ellos, también obtengo acceso a maravillosas fotografías históricas”.
Ante la inmensa variedad regional de Eslovaquia, donde casi cada pueblo cuenta con su propio traje o sutiles variantes —como ocurre entre Raslavice y Svidník, o entre Hrochoť y Poniky—, la creadora confiesa que se apoya en expertos para no desbordarse.


Dos broches que representan los trajes folclóricos de Raslavice y de tradicional de Važec, realizados por Zuzana Líšková a la venta en Lišča
Respecto a la visibilidad del kroj (el traje tradicional eslovaco, una de las expresiones culturales y artísticas más ricas, vivas y arraigadas del patrimonio de Eslovaquia además, no es un uniforme nacional único, sino un mosaico fascinante de cientos de diseños diferentes) frente al peligro de la desinformación comercial, los clichés y los estereotipos institucionales o políticos, su postura es tajante: “Llevamos lidiando contra la desinformación desde bastante tiempo. Nuestra sociedad está tan saturada de falta de conocimientos expertos, banalidad y estilos de bordado extranjeros que a veces siento que estoy luchando contra molinos de viento. Aun así, hay mucha gente intentando crear conciencia, y eso es algo bueno. No debemos rendirnos”.
Presente y futuro
Aunque apenas se centra en oficios tradicionales más allá del tejido, la cerámica o la decoración de huevos de Pascua, su obra abre un debate profundo sobre cómo traducir las texturas. Como no se puede calcar el relieve del hilo a una escala tan pequeña («no lo hago; es imposible al tamaño en el que trabajo. Simplemente sugiero el patrón»), elige motivos vegetales, geométricos o la famosa Rosa de Zámutov por lo que representan a nivel de identidad.


Broches que representan el trébol de cuatro hojas de Čataj y el traje tradicional de Soblahov, ambos realizados por Zuzana Líšková a la venta en Lišča
La Rosa de Zámutov procede del municipio del mismo nombre y es un motivo ornamental floral muy característico de los trajes tradicionales (kroje) de esa zona. Este diseño geométrico y floral se ha empleado históricamente en la decoración de las camisas masculinas y femeninas típicas de la región. Hoy en día, debido al renacimiento del interés por el patrimonio textil eslovaco, el diseño de la Rosa de Zámutov se reproduce en piezas de artesanía contemporánea, joyería y complementos inspirados en el folclore local.
Al preguntarle si el proyecto actúa como una herramienta para enseñar a las nuevas generaciones, Zuzana me responde con esperanza: “Espero que ese sea el caso”. Del mismo modo, aunque ha impartido talleres artísticos de talla y prefiere dejar la autoría de libros especializados a los académicos, sus ganas de divulgar se mantienen intactas. Mirando hacia el futuro, concluye con optimismo: “Me encantaría seguir sacando nuevos productos que enganchen a la gente sin parecer forzados, piezas que ofrezcan un valor auténtico. Nuestra cultura popular tradicional es increíblemente diversa, así que no creo que me quede sin inspiración. Solo espero que la creatividad no me falle”.
