No se puede separar el estudio de un traje tradicional de los acontecimientos históricos, políticos, demográficos, sociales y culturales de un país o de una localidad, por pequeña que sea. El traje popular se hace eco de esos cambios estructurales y evoluciona al igual que lo hace la sociedad de esta forma, se convierte en reflejo de supervivencia de una cultura y, por tanto, en seña de identidad. El traje tradicional no puede separarse de quiénes lo llevaron… e incluso de quienes los llevan ahora.
Para salvaguardar los trajes tradicionales nacen proyectos como Rättviksdräkten, conducido por Raine Mickels. Rättviksdräkten nace en Suecia con el objetivo de proteger y difundir el patrimonio cultural para las generaciones futuras, descubriendo los hechos históricos más relevantes (y el papel que el traje tradicional jugó en ellos) pero también, enseñando a respetar las hechuras del traje histórico y mostrando la forma adecuada de llevarlo.
Una zona con mucha tradición
Raine ha investigado sobre el traje de Rättvik, un municipio de la provincia de Dalarna (Suecia) situado a orillas del lago Siljian. En esta zona, desde el siglo XVIII hasta 1880, la población se mostró muy propensa a conservar las antiguas costumbres, especialmente en lo que respecta a la vestimenta. No se permitían cambios.

Mujer casada en el solsticio de verano. Familia en Lerdal (Suecia), 1875.
En las parroquias de los alrededores del lago Siljan, el vestido tradicional era la única prenda que usaban. Se vestía en el día a día y en los festivos, para ir a la iglesia. Por supuesto, existían muchas prendas diferentes con distintos grados de finura. Tras el uso, una falda podía acabar siendo una prenda para trabajar en el granero cuando estaba casi desgastada.
En Rättvik el traje se usó como vestimenta diaria hasta principios del siglo XX. Las mujeres mayores a veces usaban la falda tradicional, entre semana y fines de semana, hasta la década de 1950. Los hombres también usaban su traje a diario hasta bien entrado el siglo XX. Hoy en día, el traje se conserva como vestimenta formal, especialmente en las festividades del solsticio de verano, pero también en confirmaciones y funerales, así como en ocasiones oficiales o celebraciones familiares.
Trabajo de investigación
Raine lleva mucho tiempo investigando sobre la vestimenta de Rättvik. “He encontrado unos 150 inventarios de patrimonio del siglo XVIII, previamente desconocidos. Esto contribuye a que ahora se conozca la apariencia del traje de Rättvik de este período. No existen dibujos ni otras representaciones de personas de esta época”.

Imagen tomada en el norte de Estocolmo (Suecia), en 1899.
Una fuente de documentación importante ha sido las descripciones orales, incluyendo las del famoso científico sueco Carl von Linnaeus (1707-1778). “Linnaeus visitó Dalarna en 1734 y describió, entre otras cosas, los diversos trajes parroquiales. Es demasiado extenso describir la evolución del traje a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX”.
La pintura también es una importante fuente de información. “Alrededor de 1850, se popularizó entre los artistas viajar a Dalarna para representar a la población nativa. De esta época, existen numerosas y detalladas descripciones del traje. Artistas como Kilian Zoll, Johan Höckert, Amalia Lindegren, Per Södermark, Bengt Nordenberg y otros han dibujado muchos motivos de vestuario de diferentes parroquias de Dala”.
La importancia de la etnografía
El variado traje parroquial de Rättvik se usó hasta 1875-1880. Y fue un intrépido investigador, Gunnar Ekström, el que puso en valor el traje tradicional. “Ekström fue sacerdote en Rättvik durante la década de 1930, y también fue un ávido etnólogo -cuenta Raine-. Escuchó historias sobre el antiguo traje eclesiástico e inició un proyecto de investigación para preservar los recuerdos que existían entre las mujeres mayores. Aquellas señoras que sirvieron de informantes habían nacido alrededor de 1850 y tenían alrededor de 80 años en el momento de las entrevistas”.

Mikels Jon y Anna Karlsson. Foto tomada en Lerdal (Suecia), en 1894. Acuarela de Per Södermark (1850).
Ellas incluso pudieron transmitir información de sus abuelos de principios del siglo XIX. “Ekström publicó su ‘Almanaque de Vestuario para la Parroquia de Rättvik’ en 1932. En aquella época, el interés por el traje antiguo era mínimo entre la gente común. Uno usaba su traje simplificado y estaba contento con él. Si quería un traje, lo encargaba a una de las muchas costureras o sastres. Era este traje el que se llevaba, el que hoy llamamos traje básico”.
¿Y cuál es el traje simplificado o básico? El traje eclesiástico especial, con sus variaciones, conocido como ‘calendario de trajes’, se usó hasta aproximadamente 1880. Los habitantes de las parroquias alrededor del lago Siljan usaban trajes confeccionados en casa, con todas las piezas: blusa, falda, delantal… Pero a partir de aquella fecha, “las mujeres comenzaron a usar blusas ‘civiles’ en lugar de la blusa tradicional con la falda del traje. Y también el vestido empezó a simplificarse, sin delantales, que también se usó para la iglesia. Cuando se popularizó el trabajo remunerado a tiempo completo, muchas mujeres no podían permitirse comprar varias faldas de diferentes colores ni muchos delantales distintos”.
Un nuevo renacer
Fue en la década de 1970 cuando se despertó el interés por los trajes tradicionales. “En aquel entonces, una costurera de Rättvik empezó a coser trajes a partir de modelos antiguos. Hoy en día, existen dos categorías de usuarios de trajes en Rättvik: quienes no están particularmente interesados en los trajes, pero los quieren porque son naturales. Y luego están los demás, los ‘nerds’ en sueco, que sí estamos muy interesados y queremos usar el traje en todas sus variantes”.

Colegiala vestida con el traje de iglesia. Mujer ataviada con el traje tradicional. Foto de 1875.
Es tal el movimiento que hay actualmente alrededor de la indumentaria tradicional que la gente tiene muchas opciones a su alcance. “Existen cursos de costura de trajes muy concurridos y hasta hay personas que tejen las telas para su traje. Además, existe un amplio comercio de piezas de vestuario usadas, lo cual es muy beneficioso cuando los niños en edad de crecimiento deben usar un vestido tradicional. Se compra un traje y, cuando el niño ya no le queda, se vende. También se pueden elegir las características que se desean: un vestido con tela tejida a mano y corpiño de encaje de seda es, por supuesto, más caro que uno confeccionado”.
Raine es sacristán de su parroquia y sigue el modelo completo de vestimenta. “Otros sacristanes se conforman con la vestimenta básica. Creo que es muy importante no exigir que quienes lleven el traje tengan muchas faldas y delantales diferentes. Si eliges ropa básica, también está bien no llevar tocado, algo que muchos agradecen. Sin embargo, es importante que es traje esté siempre pulcro y bien planchado”.
