Los inicios de Nebra se remontan a 2020, cuando Sara Pérez Cruz (Sara Nebra), cantante, teclista y compositora del grupo, junto a Ángel Boquete, bajista, y Ro Muñoz, batería, empezaron a aportar su talento y trabajo a un proceso creativo que ha evolucionado de la mera experimentación, a la producción de un sonido definitorio. “Ahora mismo sentimos que tenemos claro nuestro sonido. A la vez estamos abiertos a cambios en las texturas, y a jugar. El concepto para nosotros es que se mantenga cierta raíz, un tono de oscuridad y algo de agresividad en la instrumentación, pero no es tan buscado, sino que simplemente es lo que nos nace, por nuestros gustos”.
Las preferencias de este trío lucense son dispares, si bien existen puentes que las conectan. “Yo últimamente he estado revisando mucho Parallellograms, de Linda Perhacs y Almanach, de Malicorne -apunta Sara-. Ángel escucha mucho All Them Witches y Ro tiene sus referencias musicales y grupos favoritos (Rage Against the Machine o Tool) muy presentes. Yo coincido en gustos en esos referentes. Todo nos influye. A mí también me marcó muchísimo la serie Severance, por ejemplo. Su intro a nivel visual y musical me parece increíble. Y a todos en la banda nos gusta esa especie de desasosiego que produce”.
Música para inquietar
En 2022 Nebra lanza su primer disco, Sereas (‘sirenas’, en castellano): una carta de presentación compuesta por nueve temas que buscan transmitir sensaciones y atmósferas y donde destacan canciones como Meigallo, Xoias d’auga o Danza da Lúa en Santiago, una musicalización del poema de Federico García Lorca. “Excepto los versos de Lorca y otro poema de Rosalía de Castro, en el que estamos en proceso de grabación, todas las letras son propias. Yo las escribo, a veces de forma un poco automática. Casi siempre viene primero la melodía y después la letra”.
La estructura de algunos de sus temas recuerda a las estructuras modales y rítmicas de las Cantigas. “Introducimos elementos como Ailalás, Melismas, y ciertos saltos melódicos propios de este estilo, pero también del folk, de forma más general -cuenta Sara-. Para mí, la raíz es algo esencial en la música y lo valoro en todo lo que escucho. Creo que la gente conecta fácilmente con la raíz porque apela a nuestra identidad y también nos une con otros pueblos. Yo me siento igual de representada en una canción tradicional gallega que en un tema de System of a Down, por ejemplo. Y me parece que hay muchas conexiones entre la música de esa banda y mis raíces musicales”.
Pero atención: Nebra no revisiona la música tradicional. “No hacemos previsiones salvo en el último tema que sacamos, que tiene una melodía inspirada en una canción tradicional y que a veces, en directo, hacemos una versión de Le luneux de Malicorne”. Pero nada más. El grupo no siente especial interés en reinterpretar canciones. “Me gusta más el proceso creativo de cero dentro del estilo melódico que conozco. Pienso que ahora mismo estamos más centrados en la creación propia”.
La necesidad de etiquetar
Sí la composición es propia, también lo es el sonido, uno moldeado a base de sintetizador, bajo eléctrico con efectos cercanos al rock o el metal, y la batería y pads característicos de la música electrónica. Todo ello muy alejado del concepto tradicional, creando una sonoridad más densa y oscura, como una niebla sonora. Es entonces cuando el nombre de la banda, Nebra (‘niebla’ en castellano) podría ser descriptivo de su música. “No lo pusimos por eso -asegura Sara-. Nuestro nombre viene porque queríamos un concepto relacionado con la naturaleza y con Lugo, y la niebla es propia de aquí. Además, está en un poema de Uxío Novoneyra, por eso lo utilizamos”.
Por otro lado, a Sara no le importaría abrir su música a otros instrumentos de raíz. “Introducir alguna colaboración con algún instrumentista nos gustaría. A mí me encanta la zanfona y el birimbao y llevo tiempo con eso en la cabeza”.
El término ‘Neofolk’ se ha convertido en un cajón de sastre donde todo es aceptado. “La etiqueta sirve para identificar, pero considero que hay músicas o proyectos artísticos que hay que vivirlos para entenderlos, porque, según el imaginario de cada uno, la etiqueta cambia. Supongo que esa etiqueta sirve para colocarte en algún sitio, o para que la gente se haga una idea de qué va tu proyecto, pero muchas veces eso limita el concepto o incluso genera una expectativa que tiene poco que ver con la realidad. De gente que nos ha visto a nosotros, por ejemplo, hay algunos que nos dicen que no tenemos tanto de folk o de raíz y hay otros que nos comentan que somos parecidos a muchos otros grupos con los que yo no veo el parecido. En definitiva, la necesidad de etiquetar viene de una demanda generada en la industria, en la administración o en donde sea, pero la rodea una subjetividad que para mí complica todo un poco”.
Fusión de melodías y versos
De esta forma, su música se ha calificado como ‘folk electrónico’, ’post-rock’ o ‘experimental’, aunque ellos prefieren catalogarlo simplemente como ‘fusión’. “Para nosotros el folklore está en muchas cosas y parecía lógico partir de ahí, pero no buscábamos una fusión al cien por cien. Fue algo que salió de forma orgánica porque, durante la pandemia, tuvimos tiempo a pensar y a darle vueltas a ideas y melodías. Lo de fusión es un término que empleamos por las necesidades externas de etiquetar nuestra música y nos pareció que era más o menos adecuado”.
La mezcla entre folclore y otros sonidos contemporáneos ahora está viviendo un boom, pero de una forma u otra, siempre ha estado ahí. “La música tradicional, para mantenerse viva, pasa por distintos procesos y siempre coexisten los sectores más conservadores con los que rompen más los moldes… Pero sí que es cierto que llevamos unos años de mucha fusión, presencia y también cierta descontextualización de la tradición”.
Este movimiento también ha traído un mayor interés por parte de la población por la música de raíz. “Mucha más gente quiere aprender a tocar la pandereta, a bailar o a cantar. Eso es maravilloso y me alegro por ello porque me crié con esa música y empecé a cantar con ella”.
Malos tiempos para la lírica
Combinar melodías tradicionales con paisajes sonoros contemporáneos puede resultar complicado. “La mezcla sonora que hacemos tiene su complicación, pero generalmente nos fiamos de nuestros instintos y nos dejamos llevar, y si algo no funciona, lo quitamos”.
Más que la composición, lo más difícil para Sara es mantenerse en el contexto musical actual. “Poder ofrecer un trabajo con el que estemos a gusto, transmitir la idea que queremos y combinar el proceso de creación con todo el ruido que rodea a la música a día de hoy y el sistema que tenemos. Ro y yo somos músicos profesionales y Ángel, aunque también es un gran músico, tiene otro trabajo. El proceso creativo en estas condiciones es difícil de compaginar pero lo es aún más cuando parece que las bandas tenemos que estar generando temas como churros y produciendo contenido constantemente. El proceso artístico requiere de mimo, tiempo y cuidado. Y hoy en día eso es muy difícil”.
La nueva escena musical gallega es rica en propuestas, pero su visibilidad a otros niveles geográficos, es limitada. “El tema es a quién se le da visibilidad y a quién no. La industria de la música es voraz y la mayoría de los músicos no estamos en una situación de visibilidad y reconocimiento sino de supervivencia y compaginación con otros proyectos o empleos para poder llevar a cabo nuestro arte”.
El futuro de la música gallega (y del resto del país) no sólo depende de los músicos. “Tenemos unas generaciones que tienen mucho que contar y unos músicos maravillosos, pero creo que falta infraestructura y falta cultura de música en directo. La gente no va a las salas como antes. Hay una crisis económica bastante fuerte y hay un descontento y desinterés por la cultura que me preocupa bastante. Al mismo tiempo, veo mucha curiosidad en los más jóvenes y eso me da ánimos pero veo la cosa fastidiada. Yo pongo el foco y la esperanza en gente como Rodrigo Cuevas y Laaza fuera de Galicia, y en Galicia me centro en grupos maravillosos y proyectos como el de Faia, Carabela, Vertixe Sonora o Germán Díaz”.
