Matilde Carrasco Javaloy —conocida en redes como @maticarraloy— se ha consolidado como una figura imprescindible en la divulgación de la cultura murciana. Su mayor logro ha sido conectar la indumentaria tradicional huertana con las nuevas generaciones mediante un enfoque fresco y actual, etiquetado bajo el concepto #huertafit.
Con una mezcla de carisma y rigor histórico, Matilde utiliza sus plataformas para romper la barrera de la “vergüenza” a la hora de vestirse de gala o de faena. De este modo, transforma lo que muchos jóvenes percibían como algo anticuado en motivo de orgullo y estilo personal.
Sus tutoriales paso a paso son ya una referencia: desde el arte de colocar correctamente el refajo y el delantal hasta el dominio de los lazos y peinados. En ellos enseña no solo el cómo, sino también el porqué de cada prenda, fomentando así un respeto profundo por la tradición. Esto anima a los más jóvenes a lucir el traje con propiedad, y, sobre todo, con diversión.
Pero… ¿de dónde surge esta pasión? “Mis padres son los que han volcado su amor por la tradición”, explica Matilde. “Mi padre siempre me peinaba y me vestía; lo hacía con poca paciencia, pero mucho amor. Mi madre, que siempre ha tenido un alma antigua, me enseñó a investigar en archivos y a valorar nuestro patrimonio familiar con un enfoque periodístico. Y mi hermana es con la que comparto todo: nunca me he sentido sola en el folklore y ha sido todo por ella”.
Esplendor y tradición
El traje de huertana de Murcia, joya del folclore levantino, destaca por su exquisita riqueza de texturas y colores. La pieza central es el refajo (falda) de lana o seda, bordado con motivos florales de seda o lentejuelas, que luce sobre pololos y varias capas de enaguas. En la parte superior, la mujer viste un jubón o corpiño ajustado de terciopelo o seda, adornado con puntillas en el cuello y las mangas, y se cubre los hombros con un mantón de Manila o un pañolón de seda cruzado sobre el pecho.

El refajo bordado a mano es la pieza estrella del traje de huertana.
El atuendo se completa con un delantal bordado a juego el cabello recogido en un moño, decorado con un tocado de flores y joyas tradicionales como los pendientes de «chorro». Este traje alcanza su máximo esplendor durante el Bando de la Huerta, celebrado el martes de las Fiestas de Primavera, cuando la ciudad de Murcia se convierte en un escenario vibrante donde miles de murcianos rinden homenaje a sus raíces agrícolas.
A nivel emocional, el momento de empezar a a vestirse para el día de fiesta tiene un significado profundo: “Significa convertirme en mi mejor versión —apunta Matilde—. Me siento imparable y más fuerte que nunca. En el colegio no lo pasé nada bien, y vestirme de huertana siempre era el escudo, el colchón debajo del precipicio”. Para ella, respetar los moldes tradicionales es esencial: “Si una prenda no es funcional, significa que no sigue los patrones originales, diseñados para las labores del campo o para eventos específicos. Confeccionar de manera tradicional siempre significará respetar la identidad de la indumentaria”.
El alma del refajo
De todas las prendas que componen el traje de huertana, el refajo es la pieza fundamental. “Es clave —asegura Matilde—. Además de ser lo que nos identifica como murcianas, es nuestra prenda por excelencia. Me encanta verme con él porque siento que hago una regresión a siglos pasados, y eso me hace sentir muy bien”. Ella misma ha bordado algunos tramos de sus refajos de lentejuelas, aunque admite: «Prefiero dejarle las lentejuelas a mi padre y los bordados en lana a mi madre. Para lo que no podemos hacer nosotros, siempre recurrimos a profesionales del sector».

Matilde, lleva un moño de picaporte, adornado con flores naturales y delicadas peinetas y horquillas.
Como ocurre con muchos otros trajes tradicionales, estas piezas no están al alcance de todos los bolsillos, por ello, muchas personas prefieren adquirir las piezas poco a poco para evitar un gran desembolso inicial. “Siento que el dinero siempre se usa como excusa; yo no tengo el capital que la gente imagina —explica—. Mi ajuar se ha confeccionado a lo largo de muchos años y tengo trajes que son muy económicos. Los refajos rodados o de listas son los más baratos y, sin embargo, casi nadie los tiene en cuenta. Además, es un gasto que se amortiza con el tiempo: es herencia”.
Jugar con las prendas
Matilde recomienda centrarse en una buena base: “Medias, enaguas y camisa son la inversión principal. Después, puedes tomarte tu tiempo con el mantón y el refajo. El Bando y la tradición no se van, siempre esperan”. Y es que la fiesta volverá el año que viene, y al siguiente. La tradición tiene toda la paciencia del mundo.
Combinar las piezas del traje tradicional es un arte que nuestros antepasados dominaban por necesidad y que hoy, en la indumentaria regional, representa la clave para mantener un armario versátil sin realizar grandes inversiones. Se trata, en esencia, del concepto de «armario cápsula» aplicado a los siglos XVIII y XIX. Para Matilde, las combinaciones son infinitas: «Puedo elegir el largo de la manga, el mantón, el delantal, el refajo, el zapato y la joyería. Siempre busco que los colores tengan coherencia entre sí. Hay piezas que me cuesta más combinar, pero con el traje adecuado quedan espectaculares. Siempre le envío una foto a mi padre antes de salir para que me dé el visto bueno, o consultamos las combinaciones antes de vestirme. Es una auténtica maniobra militar”.
El ritual de los accesorios
Los accesorios en la indumentaria de huertana no son meros complementos, sino los elementos que definen el carácter y el rigor del conjunto. El proceso de vestirse se convierte en un ritual de precisión: desde la elección de las arracadas de pajarita (pendientes cuya forma recuerda las alas de la mariposa) a juego con la cruz de chorro (una cruz tallada en azabache), hasta la colocación minuciosa de las agujas en el peinado, mientras que el pico o el mantón aportan el porte definitivo a la silueta.

Los delantales del traje de huertana no son sólo protección; están decorados con lentejuelas y bordados.
El conjunto se completa con las medias caladas y los zapatos de tacón de carrete o esparteñas de cintas. Al final, cada pieza —desde el lazo de seda hasta la última joya— encaja para mostrar con orgullo un legado de artesanía transmitido de generación en generación. Matilde, por ejemplo, ha heredado varias piezas: “Un mantón isabelino, un delantal que encontramos al fondo de un cajón en mal estado, pero conseguimos restaurarlo; puntillas de bolillo de mi bisabuela y, sobretodo, joyería tradicional”. Además, cuando va a mercadillos, suele estar atenta atenta a cruces, camafeos o pendientes.
Es tal la importancia de los complementos que Matilde los selecciona teniendo en cuenta su propia fisonomía: «Son el marco de la cara. Yo tengo un tono de piel bastante pálido y las facciones muy marcadas, por lo que suelo evitar la plata, aunque también la uso a veces. Las flores tienen que tener el tamaño justo; no me gusta llevar una desproporción enganchada en la cabeza, prefiero que la gente sienta la misma armonía visual que yo”.
Orgullo murciano
Matilde cree que se cometen errores importantes a la hora de vestirse de huertana: «Todos nacen del desconocimiento, pero siempre hay margen para el aprendizaje. Lo que hay que evitar a toda costa es el uso del traje masculino por parte de mujeres o combinar prendas de diario, como zapatillas y vaqueros, con nuestra indumentaria. En ese momento es cuando se desvirtúa la tradición y el traje se transforma en un disfraz”. Sin embargo, ella sí es partidaria de integrar piezas tradicionales en looks contemporáneos: «Hace poco fui a un certamen de moda con un justillo y mi abanico de huertana. O el mantón, que lo saco mucho para fiestas o eventos. Creo que hay que echarle imaginación y que no se fuerce la combinación”.
Eso sí, considera vital enseñar a las más jóvenes no solo a llevar el traje, sino a colocarse correctamente cada prenda: “Debería haber talleres en todas las peñas e instituciones. Y, si no los hubiera, que se pasen por mi cuenta, donde subo muchos”. ¿Una influencer de la moda tradicional? La murciana no se autodefíne con ese término: “Solo soy Matilde, una chica que ama lo nuestro, se siente orgullosa de su tierra y quiere que todo el mundo conozca la riqueza de ser murciano. Murcia sí existe y yo lo estoy dejando claro”.
Fotos: Ana Bernal @anabernalfotografa
