¿Puede una prenda de ropa ser el puente entre el pasado de una nación y el diseño del siglo XXI? Para la creadora lituana Inga Skripka, la respuesta no solo es un rotundo sí, sino que se ha convertido en el motor de su práctica artística. Proveniente del mundo del arte y de la escenografía teatral, Inga no entiende la moda como una tendencia pasajera o un bien de consumo rápido. Para ella, el cuerpo humano es el escenario y la vestimenta, un lenguaje vivo capaz de narrar historias profundas, conectar identidades y evocar memorias latentes.
El cuerpo y la indumentaria se convirtieron en el eje de su expresión creativa durante la adolescencia. “Fue una época en la que me volví más independiente y empecé a elegir qué ponerme por mi cuenta. Fue entonces cuando me di cuenta de que la ropa tiene su propio lenguaje: nos ayuda a entendernos, a conectar con los demás e incluso a encontrar personas afines. Una vez que reconocí esto, el vestir se transformó para mí en una forma de comunicación natural e intuitiva”.
El lenguaje de la ropa
Inga siempre ha prestado más atención a su corazón que a su razón. “La intuición siempre ha sido —y sigue siendo— el motor de mi trabajo creativo. Suelo adentrarme en un proceso guiado por ella, y solo más tarde reflexiono sobre los motivos detrás de mis elecciones”.
Su llegada al mundo de la escena le permitió explorar el campo de la indumentaria más a fondo. “Descubrir los vestuarios de teatro en mi juventud me abrió a una comprensión más amplia de la relación entre la perspectiva, la identidad y la vestimenta; algo que más tarde decidí investigar de manera más consciente”.


La diseñadora lituana Inga Skripka utiliza en sus diseños los patrones del telar
Al principio, la diseñadora se centraba más en la pieza en sí que en la persona que la llevaba. “Con el tiempo, mi enfoque cambió hacia el individuo, y la ropa se transformó en un medio para contar su historia. Es importante enfatizar que las prendas por sí solas no tienen el verdadero poder; es quien las lleva quien lo posee. La forma en que se presenta un diseño y el mensaje que transmite dependen enteramente del sujeto. Aunque la ropa influye enormemente en la percepción y en el estado de ánimo, este poder proviene en última instancia del interior: de la presencia, de las elecciones y de la intención de comunicarse”.
Esculturas habitables
En sus inicios, el trabajo de Skripka destacaba por sus siluetas rígidas, casi arquitectónicas, donde el cuerpo debía adaptarse a la forma para convertirse en una fotografía, en una escultura habitable. “Disfruto mucho creando formas rígidas; es una de las etapas de mi práctica. Aunque ahora siento esta dirección como una fase pasada, el desarrollo de siluetas escultóricas y estructuradas fue durante mucho tiempo mi sello creativo, el ámbito donde me sentía más fuerte como diseñadora».


El trabajo de investigación de Inga Skripka se centra en contactar con artesanas del telar de diversas generaciones
Estas piezas, debido a sus materiales, a menudo no se amoldan a la anatomía; más bien, el cuerpo debe darles forma. “En esa etapa de mi trayectoria, la figura humana me importaba menos como presencia individual y más como un medio que ayudaba a revelar la naturaleza escultórica del diseño. Sin embargo, en aquel momento todavía no percibía la prenda como una obra de arte independiente; el resultado final estaba pensado para ser capturado por la cámara”.
El fin era la imagen
Durante mucho tiempo, la fotografía fue el objetivo definitivo, lo que significaba que la persona que modelaba la pieza desempeñaba un papel crucial. “Pero no siempre era fácil encontrar un entendimiento mutuo o materializar por completo las ideas en la práctica. Trabajar en el diseño de vestuario requería una gran cantidad de energía y concentración, y a veces no quedaba la suficiente para completar el registro fotográfico de la manera en que lo había imaginado”.
Hoy, viendo aquella etapa con la distancia que da el tiempo, Inga reconoce que a veces se perdía en el proceso. “Aunque la idea central seguía siendo la misma. Cuando dedicaba el mayor amor y atención a la creación de la pieza en sí, era natural que la gente también la percibiera como el resultado artístico final. Espero que, tras finalizar mi producción actual, pueda volver a esta dirección, desarrollarla más y presentar el resultado de una manera más clara y refinada”.

Inga Skripka es una importante investigadora del tejido en telar, un pilar importante del patrimonio cultural de Lituania.
En 2019, la diseñadora empezó a desarrollar un concepto centrado exclusivamente en el patrimonio cultural de Lituania. “Me interesé por este tema cuando me mudé a Alemania. La nostalgia por mi patria me llevó a volcarme en la identidad cultural: a buscar mi singularidad mientras vivía en otro entorno. En aquella época, vi en una galería una fotografía de 1918 que mostraba a una persona con el traje nacional tradicional de pie junto a una casa de campo. Esto me animó a explorar la historia de mi país durante ese periodo”.
El legado lituano
Su investigación la llevó a recopilar más archivos. “En una de las imágenes que encontré, me llamaron la atención unos textiles tejidos que me sorprendieron por su enorme similitud con los que mi abuela solía tejer en un telar manual cuando yo era niña. Solo tenía un recuerdo muy vago de ello, así que me puse en contacto con mis familiares para preguntarles si ella realmente había tejido y dónde podrían estar esas telas hoy en día”.
Este estudio trajo consigo un descubrimiento sorprendente y una conexión más cercana con la memoria de su antepasada. “Para cuando me interesé por el tema, mi abuela ya había fallecido. Por lo tanto, empecé a hacer muchas preguntas a mi familia y aprendí numerosas historias personales sobre ella que nunca le planteé en vida. Esos tejidos me ayudaron a comprender mejor su trayectoria vital y su trabajo creativo”.


La colección My Historical Grandma’s Mode of Life, de Inga Skripka es un homenaje a la artesanía.
Con el tiempo, este legado textil la maravilló cada vez más, despertando admiración y respeto por sus creadores. “También me ayudó a entender el periodo de ocupación de Lituania y las condiciones de vida de aquella época, cuando la nación independiente fue incorporada a la Unión Soviética. Dado que nací en 1990 —el mismo año en que mi país recuperó su soberanía—, solo podía imaginar ese periodo. Sin embargo, estos tejidos se convirtieron en un testimonio vivo que me permitió percibir la difícil vida cotidiana y las experiencias de la gente que vivió bajo la ocupación”.
Aprender de los mayores
Su abuela fue una de las tantas mujeres que resistieron a través del arte. La colección My Historical Grandma’s Mode of Life es un homenaje a ella y a la artesanía, construida a partir de telas tejidas a mano por su antecesora. “Sentí una gran cautela e incluso miedo de dañarlas. No eran simples materiales, sino testimonios de la historia familiar y nacional. Al mismo tiempo, percibía que estos textiles adquirían un nuevo significado al ser trasladados a un contexto contemporáneo”.
Es importante entender que muchas de estas piezas se crearon durante la ocupación, cuando en Lituania escaseaban incluso los productos más básicos. “Tejer en aquella época no era solo una tradición, sino también una necesidad: la gente tenía que fabricar sus propios bienes de consumo porque no podía comprarlos. Tras la independencia y la llegada de los productos occidentales, este oficio perdió gradualmente su función práctica; resultaba más fácil comprar artículos ya confeccionados que hacerlos a mano”.


Durante la ocupación soviética, la población de Lituania fabricaba sus propios tejidos.
En esta colección, Inga utilizó colchas tejidas por su abuela que habían permanecido guardadas en cajas desde aproximadamente 1995. “Al redescubrirlas, quise llamar de nuevo la atención sobre este patrimonio como una parte fundamental de nuestra identidad cultural e histórica. Representa quiénes somos, contando la historia de nuestro modo de vida y nuestros valores”.
El telar como dinamizador social
Con el rápido avance de la tecnología y la globalización, es vital preservar nuestras raíces. Por este motivo, Inga Skripka trabaja activamente en la conservación de técnicas de tejido y patrones tradicionales. “Estoy documentando historias de tejedoras mayores y recopilando material sobre el oficio para mostrar a la sociedad lo frágil que es este legado y por qué debe ser protegido para las generaciones futuras”.
El tejido artesanal en telar es el alma de la identidad lituana, una tradición profundamente ligada al cultivo del lino, cuyo proceso de transformación inspiró mitos y canciones populares. En el corazón de esta artesanía destacan las juostos, icónicas bandas y cinturones tejidos con hilos de lino y lana que poseen un gran valor ritual y están decoradas con intrincados patrones geométricos de estrellas, rombos y árboles de la vida que actúan como talismanes. Tras la industrialización, la tradición estuvo a punto de perderse.


Las prendas que componen la colección My Historical Grandma’s Mode of Life, de Inga Skripka están hechas para momentos especiales.
Afortunadamente, artistas como Inga Skripka intentan preservar esta riqueza textil. “Históricamente, tejer no era solo un oficio, sino también una forma de vida comunitaria: la gente se reunía, trabajaba codo con codo, compartía experiencias y se ayudaba mutuamente, ya que algunas técnicas requerían más de un par de manos. Era una actividad que conectaba a las personas de forma natural”.
Hoy en día, en una sociedad cada vez más aislada e individualista, a Inga le gustaría que el tejido volviera no solo como una costumbre, sino como una experiencia social viva. “Podría convertirse de nuevo en un motivo para que la gente se encuentre, cree junta, reduzca la soledad y fortalezca el apoyo mutuo. Para mí, tejer no es solo un trabajo exigente y preciso, sino una forma muy sólida de construir comunidad”.
El origen de las prendas
La trazabilidad es el hilo invisible que nos reconecta con las manos que tejieron nuestra ropa, devolviendo el alma y la dignidad a lo que vestimos al transformar una simple prenda en una historia viva. Antes, Inga no reflexionaba tanto sobre el origen de los materiales, pero al trabajar en este proyecto tradicional empezó a valorarlo profundamente. “Me animó a explorar los textiles más a fondo e incluso a crear mi propia colección personal: adquiero las telas directamente de sus creadores, recopilando así los materiales junto a la información sobre sus autores, sus fechas de creación y sus historias personales”.
Cuando Inga conoce al artista y el contexto de la pieza, nota que el diseño adquiere un valor mucho mayor. “Saber quién hizo la tela y cómo se elaboró crea una conexión emocional con el objeto. Creo que esto también se aplica a la ropa: se vuelve más duradera y se percibe menos como un bien de consumo de una sola temporada”.

Inga Skripka está documentando historias de tejedoras mayores y recopilando material sobre el oficio.
Además, actualmente existe una fuerte tendencia orientada a recuperar materiales vintage para crear propuestas contemporáneas, impulsada por motivos muy diversos. “Algunos actúan por inercia, simplemente porque lo vieron en redes sociales y parece atractivo o cool. Otro grupo elige conscientemente un estilo de vida sostenible y ve la adaptación de textiles históricos como una decisión responsable con el medio ambiente”.
Mientras tanto, otros se mueven por motivos sentimentales: quieren revivir telas heredadas que tienen un gran valor emocional pero que ya no encajan en el uso diario. “Creo que todas estas motivaciones son naturales. El mundo es polifacético y esa es su fuerza. Lo más importante es que tengamos libertad de elección y la capacidad de mantenernos creativos”.
La moda de gran consumo
Crear moda contemporánea inspirada en la indumentaria tradicional y hacerla atractiva para los consumidores del siglo XXI requiere planteamientos audaces en un mercado dominado por la moda rápida. “Es posible conseguirlo, aunque competir con la industria del fast fashion, que cuenta con recursos enormes y ciclos de producción extremadamente rápidos, es un gran desafío. Sin embargo, hoy en día hay un número creciente de consumidores conscientes que valoran la calidad, la sostenibilidad y el significado más profundo de lo que visten”.
Para lograrlo, es necesario que el artista crea en su idea y entienda lo que quiere comunicar. “El público actual percibirá esa autenticidad y se interesará. Lo que más importa no es solo el producto final, sino su contexto: la historia y los valores que lo respaldan”.
Si el diseño se crea de forma superficial, buscando únicamente ser «moderno» o visualmente llamativo, sin una reflexión sobre los significados tradicionales, se vuelve difícil convencer a un público crítico. “Puede que funcione una vez o que cause una impresión a corto plazo, pero no construirá una conexión duradera. Cuando un creador trabaja de manera consciente, construyendo una relación sólida con las personas y la tradición, su moda no solo es atractiva, sino significativa y relevante para la sociedad”.
El delantal como nexo de unión
Inga también aprendió de sus propios errores del pasado. “Antes de familiarizarme a fondo con el traje tradicional lituano, quería reinterpretar las regiones del país utilizando elementos de su vestimenta clásica en un contexto contemporáneo. Mi idea era conservar las siluetas pero utilizando tejidos modernos y coloridos, de modo que los trajes fueran reconocibles únicamente por la forma. Sin embargo, este enfoque resultó demasiado ambicioso y superficial; mientras trabajaba en ello, me di cuenta de que me estaba equivocando y dejé el proyecto de lado”.


Los accesorios de Inga Skripka están decorados con motivos tradicionales lituanos.
Tras recorrer nuevos caminos y con una importante labor de investigación a sus espaldas, la diseñadora entiende perfectamente por qué aquella colección no funcionó: “Carecía de una comprensión profunda de los significados que esconde la vestimenta tradicional. Al notar esto, empecé a hablar con mujeres mayores para preguntarles sobre el contexto de estas piezas. Comprendí que sin asimilar ese trasfondo, sería imposible dar vida a mi idea”.
Más tarde, descubrió que uno de los elementos más importantes del traje tradicional es el delantal. “Es la pieza decorativa central, se lleva sobre la falda y desempeña un papel clave a la hora de expresar la identidad regional. A través de sus patrones y colores, el delantal refleja el carácter distintivo de las cinco regiones etnográficas de Lituania, cada una con su propia cultura y dialecto. Este es el componente en el que más me gustaría centrarme en mis futuros proyectos”.
Autenticidad e identidad
Existe la idea generalizada de que la ropa tradicional solo está reservada para los días festivos. Sin embargo, al ver cómo la gente se interesa por sus raíces e interactúa con los trajes de su región, Inga opina lo contrario. “Uno de mis principales objetivos es involucrar y acercar el folclore a la generación más joven. Para que las tradiciones sobrevivan en el futuro, deben permanecer vivas, flexibles y capaces de adaptarse a un mundo en constante cambio”.
Por ahora, todos sus esfuerzos han dado frutos. “He construido una conexión con un público joven que elige mi trabajo. No siento que haya que ‘quitarle el polvo’ a la cultura tradicional; al contrario, veo que cada año hay un mayor retorno a las raíces, con un creciente aprecio por el trabajo hecho a mano y la autenticidad. Lo que antes podía parecer irrelevante, hoy vuelve a ser muy valorado”.
Aunque al principio creyó que esto podría ser una tendencia pasajera, la realidad le ha demostrado lo contrario. “Con la creciente influencia de la inteligencia artificial, creo que la necesidad de autenticidad y de conexión con las tradiciones se volverá aún más fuerte. Tampoco podemos ignorar el contexto global: a medida que aumentan los conflictos geopolíticos, la gente tiende a valorar aún más su identidad y su patrimonio. Por ejemplo, tras el comienzo de la guerra en Ucrania en 2022, se notó un aumento significativo del interés entre los lituanos por preservar y proteger sus propias tradiciones corporales e históricas”.
Fotos: Rasa Baltrimaite y Dominykas Bliznikas.
