La migración no borra raíces, más bien crea conexiones inesperadas. En ese punto exacto donde dialogan la memoria de origen y la tierra de acogida nace la propuesta de Andreea Siia, fundadora de SIIA. Nacida en Rumanía y afincada en España, la creadora fusiona dos universos tradicionales para dar a luz piezas contemporáneas, frescas y con un relato detrás. Para ella, el folklore no pertenece a un museo sino que es materia viva que se reinventa al cruzarse con nuevos entornos.
Diseñar desde la investigación
El punto de partida de SIIA no se rige por las tendencias del mercado, sino por la documentación cultural y la comprensión de los códigos populares. “Me considero una diseñadora que investiga. Antes de empezar una colección necesito comprender el contexto histórico, cultural y simbólico de aquello que quiero reinterpretar. La investigación es el punto de partida de mi proceso creativo y la joyería es el medio con el que doy forma a esa historia”, explica Andreea.


Andreea Siia trabajando en su taller la colección MĀRĀCINE, inspirada en la flor del cardo.
Este enfoque le sirve para tender puentes entre sus raíces rumanas y el patrimonio español, dos mundos unidos por el valor del trabajo artesano: “En Rumanía crecí valorando el trabajo hecho a mano y el significado de los objetos tradicionales. Vivir en España me ha permitido descubrir otro patrimonio igualmente rico y comprender que la artesanía es una forma de preservar la identidad de cada cultura. Esa doble mirada enriquece mi trabajo como diseñadora”.
Ia y Salbă: del hilo al metal
El primer gran homenaje a sus raíces tomó forma en la colección Vestigio, un proyecto donde Andreea afrontó el desafío de trasladar la ligereza del hilo y la tela a la firmeza de la plata y el oro. Su mirada se centró en la Ia, la emblemática blusa tradicional rumana y en la Salbă, el collar de monedas tradicional: “Fue un ejercicio de observación, síntesis e interpretación para transformar el hilo en volumen, textura y luz. No me interesa reproducir el tejido completo, sino sintetizar el motivo y convertirlo en un elemento escultórico que capture aquello que lo hace reconocible”.


SIIA tiene como fuente de inspiración la indumentaria tradicional de Rumanía, como los bordados de Ia y el collar Salbă.
Los bordados geométricos y vegetales de la Ia, portadores históricos de significados protectores y comunitarios, encuentran así una nueva vida formal. Aunque no busca una transcripción literal de cada amuleto, Andreea mantiene intacta su dimensión simbólica, “Me gusta que cada pieza tenga una historia, una identidad y un valor que trascienda lo estético”.
Volumen, tensión y ritual
Su inmersión en la indumentaria tradicional de su tierra de acogida la llevó a fijarse en uno de los peinados más representativos de diversas regiones españolas: el moño de picaporte. Convertir una arquitectura capilar cargada de ritualidad, destreza y simbolismo femenino en una pieza de alta joyería supuso un reto técnico de primer orden. “El principal reto fue conseguir que el metal transmitiera la sensación de movimiento, tensión y volumen que tiene el trenzado. Busqué simplificar la forma sin perder aquello que hace reconocible al moño de picaporte, logrando un equilibrio entre fidelidad y reinterpretación contemporánea”, señala la joyera.


Andreea Siia reinterpreta el moño de picaporte en un diseño de la colección de Elena Koshurnikova presentado en Murcia Fashion Tour 2026.
La recepción por parte de las conocedoras del traje regional confirmó la validez de la propuesta porque la pieza desfiló en Murcia acompañando un diseño de Elena Koshurnikova para Murcia fashion tour 2026. “Lo que más me ha emocionado es que muchas personas han reconocido inmediatamente la referencia y han valorado el respeto con el que se ha reinterpretado. Para mí, ese reconocimiento significa que la esencia de la tradición sigue presente”.
Respetar la esencia
En su taller, la orfebrería de Andreea Siia combina el aprendizaje autodidacta con técnicas tradicionales como el calado, el limado manual, las texturas directas sobre el metal, el pulido y el engastado de piedras naturales, recurriendo a la microfundición o a herramientas digitales solo cuando el diseño exige una precisión milimétrica. “La técnica no condiciona mi libertad creativa; al contrario, me proporciona las herramientas necesarias para transformar una idea inspirada en la tradición en una joya contemporánea. Para mí, la tecnología es un apoyo al oficio, nunca un sustituto de la mano del artesano”.


Colección VESTIGIO de SIIA, destaca por sus formas orgánicas.
La elección de la plata y el oro responde a esa misma búsqueda de permanencia: metales nobles concebidos para transmitirse de generación en generación, al igual que los relatos orales y los trajes festivos. Para Andreea, la frontera para no caer en el souvenir reside en la honestidad del diseño. “El límite está en respetar la esencia. No me interesa hacer una reproducción histórica, sino comprender el significado del elemento que investigo y reinterpretarlo desde un lenguaje contemporáneo. Una tradición permanece viva cuando es capaz de evolucionar sin perder su identidad”.
Próximos horizontes
Con la mirada puesta en futuras investigaciones, la diseñadora continúa explorando el patrimonio popular del sureste español, con especial foco en la Región de Murcia. “Encuentro en la indumentaria huertana una fuente de inspiración extraordinaria. La faltriquera es uno de los elementos que más me interesa por su historia, su riqueza artesanal y todo lo que representa. Me gustaría seguir investigando este patrimonio y reinterpretar otros elementos de la indumentaria tradicional murciana para convertirlos en joyas contemporáneas que contribuyan a mantener viva esa herencia cultural”.
Para Andreea Siia, una joya debe seducir primero por su fuerza formal y su equilibrio visual. Sin embargo, su mayor triunfo ocurre cuando la pieza abre una puerta al conocimiento y al intercambio cultural, “Si despierta la curiosidad de quien la lleva o de quien la observa y le invita a descubrir la historia que hay detrás, entonces la joyería también se convierte en una forma de divulgar y proteger el patrimonio cultural”.
