El tejido en telar no es solo una técnica ancestral; es un lenguaje que entrelaza identidad, memoria y resistencia frente a la inmediatez de la moda rápida. Detrás del proyecto Alba Ruthenia se encuentra Alena, una artesana e investigadora bielorrusa afincada en Breslavia (Wrocław, Polonia), que ha logrado tender un puente entre la indumentaria tradicional de Europa del Este y el armario urbano contemporáneo.
A través del rescate de piezas únicas como los krajki (cintos tradicionales eslavos), su trabajo transforma la artesanía textil en una disciplina viva, cotidiana y profundamente cargada de significado.
El nombre en un mapa
El nombre del proyecto no es fruto del azar, sino un viaje al pasado cartográfico de Europa del Este. Alena relata cómo nació esta aventura artesanal: “El nombre de Alba Ruthenia no es casual —cuenta Alena—. Hace tiempo viajé a Florencia y visité un maravilloso museo de historia de la ciencia, el Museo Galileo. Entre otras cosas, hay una sala de mapas y globos terráqueos del Renacimiento: ¡un lugar mágico! Soy bielorrusa, así que siempre me interesa buscar a Bielorrusia en los mapas antiguos. A lo largo de la historia, Bielorrusia ha sido conocida con muchos nombres, así que cada vez es toda una aventura descubrir cómo llamaba el cartógrafo a nuestras tierras. En aquella época era el latín Alba Ruthenia, que significa «Rusia Blanca» (o Rutenia Blanca). Bielorrusia también significa ‘Rusia Blanca’”.

Alba Ruthenia está especializada en krajki o cintos tradicionales eslavos.
Su proyecto nació de su amor por la cultura tradicional: “Me di cuenta de que a mucha gente en Polonia le gusta el folclore y tiene muchas ganas de explorar y rescatar viejas costumbres y prácticas”. Además, su formación académica jugó un papel irónico pero decisivo en su trayectoria: “Los textiles tradicionales fueron mi especialización en la Universidad hace algunos años. Estudiamos muy a fondo todo tipo de trajes tradicionales bielorrusos, bordados y tejidos. ¿Por qué es irónico? Porque tras graduarme trabajé en muchos campos, como diseño publicitario e ilustración de libros. Nunca pensé en volver a mis ‘raíces’”.
Un crisol de culturas textiles
Actualmente, el taller de Alba Ruthenia se ubica en la capital de la Baja Silesia (Dolny Śląsk), una región marcada por una compleja historia fronteriza e industrial. “Antes de la Segunda Guerra Mundial, algo que apenas afectó a la población de la región, era el hogar del folclore del sur de Alemania y de los sorbios/lusacios eslavos, con trajes muy característicos adornados con cintas brillantes y encajes exquisitos —describe Alena—. La Baja Silesia era una región industrial rica, y eso se aprecia en su indumentaria”.
La transformación demográfica tras 1945 redefinió por completo el paisaje cultural de la zona: “Después de 1945, cuando la tierra pasó a ser polaca, se llenó de gente de una diversidad impresionante que vino a reconstruir pueblos y ciudades en ruinas. Era gente de diferentes partes de Polonia, Bielorrusia y Ucrania que trajo consigo, por supuesto, su cultura y sus trajes. A los habitantes actuales de la Baja Silesia les ha llevado más de 50 años formar una nueva identidad. Su base, según he podido observar, tiene múltiples capas”.
La llegada del prêt-à-porter
Esta riqueza multicultural se traduce en una fascinante libertad estética sin patrones rígidos: “El traje tradicional se ha convertido ya en parte de la historia; la gente de aquí procede de diversos orígenes étnicos históricos e incluso puede elegir la identidad que desea adoptar (por ejemplo, algunos polacos étnicos pueden interesarse por la antigua cultura alemana de Silesia y sentir una conexión con ella). ¡La característica principal de nuestra región es la falta de estándares! En nuestro Museo Etnográfico de Breslavia puedes encontrar una gama de trajes muy diferentes que la gente trajo consigo tras la Segunda Guerra Mundial, así como otros anteriores a la guerra”.


El sueño de Alba Ruthenia es ver la indumentaria tradicional como parte de la ropa de diario.
Sin embargo, el advenimiento de la producción industrial borró gran parte de esas diferencias: “El siglo XX, que hizo que la ropa producida en masa fuera barata y de fácil acceso, creó una situación cómoda para la gente, pero una tragedia para el patrimonio cultural —asegura Alena—. Ya no podemos observar influencias transculturales diversas porque esas naciones se encontraron vistiendo la misma ropa hecha en fábrica. Para ellos, los trajes tradicionales ya no eran más que valiosos recuerdos de sus abuelas”.
Investigación histórica
Aprender las técnicas tradicionales e investigar el patronaje histórico ha exigido un proceso riguroso de autoaprendizaje y consulta documental. Aunque los conocimientos básicos procedían de sus estudios universitarios, Alena ha ido completando sus conocimientos a través de diferentes fuentes: “En primer lugar, están las obras y libros de etnografía, las exposiciones y los museos que puedes visitar incluso de forma virtual, además de los recursos en internet”.
Desafortunadamente, Alena no tuvo la oportunidad de conocer a maestras ancianas en activo porque su número es extremadamente reducido: “El oficio de tejer fajas y cintos se abandonó en cierto modo cuando la ropa de fabricación industrial llegó al campo. Aún podemos aprender de ejemplos antiguos y fotos de expediciones etnográficas. Además, hay un grupo de maestros modernos que comparten sus experiencias”.


Los krajki o cintos tradicionales eslavos, de Alba Ruthenia son perfectos para aquellos que quieren iniciarse en el folkwear
A la hora de reconstruir prendas del pasado, Alena combina distintas fuentes históricas: “Investigar es un complemento muy interesante al propio acto de tejer. Por lo general, busco piezas de museo fechadas o bien pinturas, grabados o fotografías antiguas si la época de mi investigación no es tan lejana. Normalmente no dispongo de muchos materiales, porque las clases aristocráticas alfabetizadas no veían valor en la cultura folclórica tradicional aquí en Europa del Este. E incluso cuando algunos artistas creaban álbumes etnográficos con imágenes de aldeanos, a menudo presentaban una visión idealizada de la vida bucólica”.
La simbología de los cintos tradicionales
En el mundo eslavo, los cinturones tejidos o krajki trascienden la mera función estética, acumulando un peso práctico, lingüístico y místico fundamental. “Los cintos son increíblemente útiles. No me sorprendería que fueran el primerísimo elemento de vestir en la historia de la humanidad —describe Alena—. Así que en la cultura eslava se convirtieron en una parte necesaria del traje. Los cintos te permiten mantener caliente la parte superior del cuerpo, sujetar tantos objetos indispensables como necesites (no olvides que los bolsillos son un invento muy reciente) y siempre lo puedes usar como cuerda en caso de emergencia”.
Al mismo tiempo, su sentido mágico los ha acompañado a lo largo de toda la historia: “El cinto como línea divisoria, el cinto como obereg (amuleto), el cinto como símbolo de decencia. El peso cultural del cinto todavía está arraigado en nuestro idioma. Por ejemplo, en bielorruso se usa la palabra raśpierazany —literalmente ‘desabrochado’ o ‘sin cinto’— para describir a alguien desbocado o moralmente distraído”.

Los krajki o cintos tradicionales eslavos, de Alba Ruthenia se realizan en telar en diversos tipos de hilos.
Respecto al misterio de los motivos geométricos (rombos, cruces y líneas) en el telar, Alena aporta una visión realista y fundamentada: “¡Ese es un gran debate entre etnógrafos, historiadores y aficionados al folclore!” ¿Existe un significado oculto? ¿Cuál es ese significado? “Muchísima gente confunde los nombres técnicos de los elementos con sus significados o intenta ver algo parecido a runas en las formas ornamentales, pero yo lo veo así: cada artesano encuentra su propio significado en su trabajo. Lo he notado en fuentes etnográficas. Cuando se les preguntaba a las ancianas por el significado de elementos ornamentales específicos, a menudo se sorprendían y no sabían explicarlo. Es más, aunque dicho significado existiera en un pasado remoto, hoy en día la gente ya lo ha olvidado”.
Procesos experimentales
A la hora de tejer, la artesana equilibra la precisión histórica con la experimentación contemporánea sobre todo, en la elección de los colores que depende del objetivo del proyecto. “No uso tintes naturales porque no tengo el lugar ni los recursos adecuados para el proceso. En los proyectos históricos intento buscar la opción más fiel disponible en el mercado”.
Alena se sorprende mucho cada vez que investiga en el pasado: “El sentido del color de nuestros antepasados es fascinante; incluso con una paleta restringida, creaban composiciones audaces y vívidas que realmente conectan contigo». Pero la mayoría de sus proyectos son innovadores. “Me interesa ver hasta dónde nos puede llevar la tecnología tradicional a nosotros, personas modernas de una sociedad digital. Por eso me permito usar a veces colores y materiales atípicos: acrílicos en tonos ácidos, metálicos… Pero, francamente, los materiales naturales como la lana, el lino y el algodón son mis favoritos”.
El telar como filosofía
Frente a las prisas de la fast fashion, el trabajo artesanal se convierte en un refugio consciente y en una postura ética. “Para mí —y no me cabe duda de que es así para otros maestros de la tradición—, tejer es un momento de exhalación; es una forma de meditación. Espero que esta sensación de calma y atención plena quede tejida en mis cintos y se transmita a sus nuevos dueños. Por eso siempre me alegra sentarme al telar y dejar de lado todas las preocupaciones y problemas del mundo… ¡salvo los técnicos, por supuesto!”.


En la cultura eslava, los krajki son relevantes por su estética pero también por su funcionalidad y misticismo.
Fan de la sostenibilidad y del sentido común, para Alena el tejer e hilar constituye un acto de resistencia cultural frente a la moda rápida. Por eso, preservar estos oficios es indispensable en pleno siglo XXI por dos razones esenciales: “La primera es que, cuando la gente tiene contacto con productos hechos a mano, siente esa necesidad de tener objetos únicos con un autor o maestro detrás de ellos. La segunda razón para mantener vivos los oficios es la necesidad de proteger la riqueza cultural del país, especialmente para naciones tan pequeñas como la bielorrusa”.
Folkwear de diario
¿Cómo integrar la ropa tradicional en el armario urbano? Una de las premisas clave de Alba Ruthenia es sacar las prendas folclóricas de los museos para incorporarlas al día a día con un estilo actual, pero sin perder su esencia. “Es una parte de mí —asegura la artesana—. Elementos folclóricos y estilo bohemio. Un cinto tejido a mano es el detalle perfecto para acentuar tu estilo único, un contraste valiente frente a la simplicidad visual de la ropa moderna. Me encanta mostrarle a la gente que estos cintos decorados pertenecen a la calle, no a una vitrina de cristal. No son piezas de museo polvorientas ni disfraces: son prendas vivas y en evolución que pueden adaptarse perfectamente al estilo de vida moderno”.

En Alba Ruthenia también experimentan con hilos metalizados.
Para quienes desean iniciarse en el folkwear cotidiano sin sentir que llevan un disfraz, Alena comparte valiosos consejos de estilismo: “La clave está en el tipo de tejido y la textura de tu conjunto. Los cintos tejidos combinan a la perfección con tejidos naturales: lino, lana y algodón. Los creados con hilo grueso piden telas con bastante textura; por el contrario, los de algodón mercerizado (también llamado hilo de Escocia) o seda encajarán con telas lisas, incluso sintéticas. El estilo del vestido o prenda puede variar desde muy ajustado hasta completamente holgado, pero, en mi opinión, el carácter del cinto, sus extremos sueltos y sus borlas requieren elementos más caídos y casuales. Además, un buen detalle es acompañar el cinto con otro accesorio folclórico: un broche, un pañuelo, un prendedor o una horquilla, por ejemplo”.
La libertad de explorar
Su visión aboga por una democratización cultural abierta e integradora. Su sueño es ver la indumentaria tradicional como parte de la ropa de diario: “Y no me refiero a que los bielorrusos deban llevar accesorios bielorrusos y los franceses, franceses. Es verdaderamente especial que tengamos la libertad de explorar diferentes culturas, elegir lo que nos inspira y mantener vivas estas tradiciones entretejiéndolas en nuestras vidas modernas”.


Los colores y los dibujos de los krajki de Alba Ruthenia son fruto de la investigación y documentación.
Respecto a la comodidad y versatilidad de la vestimenta ancestral, añade: “La ropa tradicional es el resultado de una larguísima evolución y de soluciones técnicas brillantes que demuestran su perfección a través de los siglos y milenios. Por lo que he aprendido, las prendas tradicionales pueden parecer incómodas a la vista, pero quienes las prueban ven que se adaptan perfectamente y son muy cómodas. Así que puedes elegir cualquier elemento del traje si te sienta bien y te hace feliz”.
El renacer de la tradición textil
El interés por la vestimenta de raíz está viviendo un claro repunte en la Europa Oriental, abarcando desde eventos históricos hasta expresiones urbanas contemporáneas, y Alena ha observado este movimiento de cerca: “En el caso de los bielorrusos, por ejemplo, veo una firme intención de tener un traje completo. La gente lo lleva a diferentes eventos o hace sesiones de fotos. Para el día a día, la gente busca elementos discretos vinculados a la cultura tradicional. Incluso en los tatuajes se puede ver cierto predominio de los motivos nacionales”.
Para finalizar, Alena lanza un mensaje claro a todas aquellas personas que sienten la inquietud de reconectar con su patrimonio histórico: “¡No dejéis de hacerlo! ¡Sois maravillosos!”.
