La peletería en la cultura Sami es mucho más que una destreza artesanal; representa una forma de supervivencia y respeto profundo por el entorno ártico. Enmarcada en el duodji (la artesanía tradicional), esta práctica se rige por el aprovechamiento íntegro del animal, especialmente del reno, cuya piel ofrece un aislamiento térmico inigualable.
Cada pieza, desde los nuvttohat (calzado) hasta la vestimenta invernal, se confecciona mediante procesos minuciosos que incluyen el curtido natural con cortezas de árboles y costuras de gran exactitud. Para el pueblo Sami, trabajar la piel es un acto de conexión con sus antepasados, donde la funcionalidad del diseño se entrelaza con una estética que narra la identidad y el patrimonio de una de las culturas más antiguas de Europa.
Un destino inevitable
En la cultura Sami, la artesanía no es una mera ocupación, sino un lenguaje que narra la historia de un pueblo en armonía con el entorno. Marja Susanne Hætta encarna hoy una de las transiciones más vitales para este patrimonio: el relevo generacional.

La peletera sueca Marja Susanne Hætta ha sabido combinar la artesanía sami con el diseño contemporáneo.
Aunque su camino profesional comenzó en una clínica, el llamado de sus raíces y la sabiduría de su tía, la experimentada peletera sueca Karin Vasara, terminaron por definir su verdadero propósito. Marja recuerda: “Cuando tenía 18 años, mi madre nos preguntó a mis hermanas y a mí: ‘¿No está ninguna interesada en ser aprendiz de vuestra tía Karin? La gente paga por aprender de ella y vosotras podríais acceder a ese conocimiento de forma gratuita’. En aquel momento yo era joven, y tenía planes distintos; la idea de pasar los días cosiendo, sencillamente, no me resultaba atractiva”.
Un camino de constancia
Marja siempre disfrutó del trabajo manual y de la exploración de distintas formas de artesanía. Al terminar la escuela secundaria, estudió duodji, lo que le proporcionó una base temprana en los oficios tradicionales sami. Sin embargo, no fue hasta que rozó la treintena cuando empezó a reflexionar seriamente sobre las palabras de su madre y el legado de su tía. “Sentí la gran responsabilidad de preservar el conocimiento único de mi tía y de transmitirlo. Desde entonces, ella ha sido mi mentora durante casi veinte años; en 2025, finalmente obtuve mi título de oficial peletera”.


A Marja Susanne Hætta le fascina trabajar con la piel porque no hay dos piezas iguales.
Este aprendizaje ha sido un proceso largo y complicado. “Entre la crianza de los hijos, la vida familiar y otros empleos, hubo periodos en los que tuve que aparcar la costura. Mirando atrás, agradezco mucho haberme dado cuenta a tiempo de lo importante que era completar mi formación mientras mi tía aún pudiera enseñarme. Cumplió 80 años este enero y, como ella misma dice, llegué justo a tiempo”.
Profesión y vocación
Para alcanzar su meta, Marja tuvo que tomar decisiones valientes. Aunque trabajaba en una clínica dental, decidió abandonar su puesto a tiempo completo para centrarse en su titulación. «Al principio me pareció un paso aterrador, pero me ha dado una vida diferente, llena de alegría y con un sentido de la calidad mucho más profundo. Me di cuenta de que el dinero no lo es todo; dedicar tu tiempo a lo que realmente te importa es mucho más valioso”.
Al mirar atrás, Marja está segura de su elección, cree que se habría arrepentido siempre de no haber dado ese paso. Actualmente, ha logrado el equilibrio perfecto: mantiene su labor como higienista dental al 50 %, combinándola con la gestión de su propio taller.


La diseñadora Marja Susanne Hætta es consciente de que sus conocimientos deben pasar a la siguiente generación.
Pasa las mañanas en la clínica y, a partir del mediodía, se sumerge en su atelier. Para ella, esta dualidad es fundamental, pues valora tanto la conexión con sus colegas sanitarios como el silencio y la soledad de su estudio. “He sido perfeccionista desde que tengo uso de razón y soy bastante decidida; no me rindo hasta lograr lo que me propongo. La peletería requiere paciencia y una mentalidad resolutiva, ya que cada material presenta sus propios desafíos. Estas cualidades son, por supuesto, una gran ventaja en mis dos facetas profesionales”.
Los secretos de la piel
Con el paso del tiempo, Marja se ha dado cuenta de cuánto disfruta trabajando con este material. “Es fascinante porque no existen dos piezas realmente iguales. La estructura del pelo, la densidad, la longitud y las sutiles variaciones de color influyen en el aspecto y el comportamiento del producto final”. Otro factor determinante es la escasez profesionales en activo. “Eso se convirtió en una fuerte motivación para mí; sentí la responsabilidad de preservar este saber y proyectarlo hacia el futuro”.
El oficio de peletero es uno de los más exigentes de la industria de la moda, ya que se trabaja con una materia prima limitada y valiosa que exige un aprovechamiento máximo. “Para dominar esta disciplina, se requiere un conocimiento profundo de las pieles de diversas especies animales, cómo deben manipularse y qué técnicas se adaptan mejor a cada ejemplar”.

En sus diseños, Marja Susanne Hætta introduce algunos guiños a la cultura Sami, como los colores.
Esta labor exige una conexión tan potente con la materia que es ella la que dirige la creatividad. “La mayoría de las veces, la pieza que estoy creando determina los materiales que elijo —explica Marja—. Sin embargo, si hallo una piel única, ella misma puede inspirar la confección. En ese sentido, la relación es bidireccional: el diseño puede guiar al material, pero el material también puede dictar el diseño”.
Respeto por la naturaleza
Se requiere tiempo para educar el ojo en la selección de pieles con estructuras de pelo similares. «Debes pensar constantemente en cómo fluirá el material, asegurando transiciones suaves y naturales al unir las piezas, además de lograr una simetría perfecta en ambos lados de la vestimenta. Las técnicas de costura que conlleva la peletería son muy especializadas y exigen un aprendizaje prolongado. En general, lo describiría como un oficio que demanda una gran precisión y paciencia”.
En la cultura sami existe un respeto profundo por el entorno, donde donde el aprovechamiento integral del animal es un principio fundamental. “Este es un valor que marca mi trabajo. En la práctica, significa que soy muy consciente del uso de mis materiales: planifico cada diseño cuidadosamente para maximizar el rendimiento de cada piel e intento incorporar incluso los retales más mínimos siempre que sea posible, ya sea en detalles, artículos menores o elementos decorativos”.


Cuando Marja Susanne Hætta cose calzado tradicional, los nuvttohat, se siente conectada a sus antepasados.
Sin embargo, la sostenibilidad no solo consiste en minimizar residuos, sino también en crear artículos con una larga vida útil. Marja pone gran énfasis en la calidad, la artesanía y el diseño atemporal, para que cada pieza pueda usarse durante décadas e, incluso, pasar de generación en generación.
Sentido de pertenencia
La artesanía (o duodji) es esencial en la cultura sami para mantener la identidad personal y profesional. Marja elabora piezas tradicionales para su familia, pero también se inspira en este saber para sus propios diseños. “Incorporo elementos de forma sutil a través de los colores, pequeños detalles, cortes y la elección de materiales; permito que la tradición nutra mi trabajo mientras desarrollo una expresión propia”.

Para Marja Susanne Hætta, la sostenibilidad consiste en crear artículos que perduren en el tiempo.
Existen técnicas que conectan a Marja directamente con sus antepasados. “Cuando trabajo en el duodji tradicional —especialmente en el curtido, la preparación de las pieles y la costura— experimento una profunda sensación de calma y gratitud por nuestra cultura y por el conocimiento preservado a través de las generaciones. Coser calzado tradicional, como los nuvttohat, es para mí una forma de meditación. Me invade una paz especial, una que no siento de la misma manera al trabajar en otro tipo de productos”.
El legado en sus manos
Cuando Marja crea una pieza, se inspira en en su herencia cultural pero deja espacio para la experimentación. “Prefiero explorar, innovar y desarrollar algo propio -asegura la peletera-. Me baso en nuestro patrimonio, pero lo incorporo de forma sutil a través de pequeños elementos y detalles, en lugar de limitarme a replicar la tradición”.
La peletería es un legado cultural en peligro de extinción, y su supervivencia depende de factores como la voluntad de enseñanza de los expertos o del mantenimiento de los talleres. Para proteger esta disciplina, es vital asumir el compromiso de Marja: “Si queremos que nuestra cultura, herencia y conocimientos sobrevivan, debemos transmitirlos a la siguiente generación. El oficio de la peletería es una profesión que está desapareciendo, lo que hace que cada pizca de saber sea especialmente valiosa. Por lo tanto, es esencial que estas habilidades se compartan y se enseñen a otros”.
