En Transilvania (Rumanía) las tradiciones no sólo se viven intensamente sino que también se toman como referente para crear moda donde el diseño tiene a la raíz como inspiración y a la vanguardia, como principio. “Crecí en Maramureș, Transilvania, un lugar donde las tradiciones no se conservan en museos, sino que se viven, se cantan y se visten. Rodeada de música folclórica, danzas rituales, artesanías y el ritmo de los ritos estacionales, estuve inmersa en una auténtica forma de vida que moldeó mi identidad creativa. Estar cerca de la naturaleza y de personas que todavía valoran el conocimiento ancestral me hizo darme cuenta de la extraordinaria riqueza que poseemos. Me dio el impulso para explorar más profundo, para entender y para eventualmente traducir este legado en mi trabajo”. Quién así se expresa es Andra Clitan, una diseñadora cuya firma, MA-RA-MI es un referente de la moda de lujo.

La diseñadora Andra Clitan colabora con artesanos de todo el mundo.
En MA-RA-MI, Andra fusiona las formas y técnicas ancestrales de Transilvania con los últimos enfoques y tejidos sartoriales. En la firma, la diseñadora fusiona el arte y los trajes tradicionales de Rumanía con artesanías representativas de otras partes del planeta. “MA-RA-MI nació de un profundo deseo de apoyar la artesanía, tanto en Rumanía como en todo el mundo. Como alguien que ha vivido una vida nómada durante más de una década, siempre me ha atraído descubrir y conectarme con diferentes culturas. La marca se convirtió en una manera de unir estos mundos, una plataforma para la colaboración con artesanos, un puente entre la tradición y el diseño contemporáneo. En su esencia, MA-RA-MI existe para retribuir a las comunidades, preservar el legado y reenfocarlo de una manera que se sienta relevante, ponible y llena de significado hoy en día”.
Historia que se viste
Mangas y pecheras bordados, románticas camisas… Una puesta en valor de sus raíces y cultura, del legado de sus antepasados, lleno de belleza y simplicidad. “Me siento profundamente atraída por el bordado y el tejido, no solamente por su riqueza visual, sino por la paciencia y la precisión que requieren. Llevan mucha de la presencia del creador y estas narrativas, me fascinan”. En MA-RA-MI, la ropa y los accesorios traspasan la frontera de la funcionalidad para fortalecer la identidad individual pero sin perder la el concepto de ‘indumentaria tradicional’ como testimonio histórico.


El bordado es una de las artesanías más valoradas en MA-RA-MI.
El traje tradicional de Rumanía es mucho más que una simple vestimenta; es un símbolo vivo de la identidad cultural, la historia y la diversidad regional del país. A lo largo de los siglos, ha servido como un lenguaje visual, comunicando el estatus social, el origen geográfico, la edad y las creencias de quien lo porta.
Con raíces que se remontan a los antiguos dacios, el traje ha evolucionado incorporando influencias de diversas culturas, pero manteniendo siempre sus elementos distintivos y su rica ornamentación, a menudo con motivos simbólicos transmitidos de generación en generación. Hoy en día, aunque se usa principalmente en ocasiones especiales y eventos culturales, sigue siendo un emblema de orgullo nacional y un testimonio de la artesanía tradicional rumana. Para Andra, todos los componentes de los trajes, independientemente de la región que procedan, son relevantes. “Encuentro inspirador todo el conjunto, la simplicidad pero complejidad de la construcción, los detalles intrincados y sobre todo las narrativas que se asocian a él. Siento que nada se deja al azar y eso es bellísimo”.


Andra Clitan ha sabido jugar con uno de los tejidos más de moda: la lana.
Andra también trabaja con la lana, una de las fibras más históricas y que ahora, está volviendo a resurgir gracias a diseñadores aventajados. “Para mí, la lana es mágica, y creo que tiene un gran valor, que usualmente podría asociarse con el oro. Alguna vez tuvo un inmenso valor, intercambiada y atesorada en todas las culturas, y todavía la veo de esa manera. Más allá de su calidez y transpirabilidad, ofrece infinitas posibilidades: visuales, estructurales y emocionales. Lleva memoria, mantiene la forma y se siente viva en tus manos. Cuando se trabaja a mano, se convierte en más que tela, se convierte en una conexión con la tierra, con el animal y con el ritmo de la creación”.
Artesanía es resistencia
En un contexto de creciente globalización, la ropa sirve como un medio significativo para expresar la identidad, la pertenencia y la personalidad. “Y ahora más que nunca -asegura Andra-. En medio de la homogeneidad global, las historias personales contadas a través de la ropa pueden ser una forma de resistencia, una manera de decir: ‘Así soy yo y de dónde vengo’. De alguna manera, volviendo a como solía ser hace siglos, se podría reconocer a alguien que vistiera un traje tradicional del país/área de donde procedía, y esto venía con un gran orgullo”.
La incorporación de artesanías como el bordado o el encaje, en prendas modernas requiere un enfoque muy pensado para no caer en la superficialidad. “Abordo cada detalle con intención. Se trata de permitir que el elemento artesanal respire, no forzarlo en un diseño, sino dejar que lo lidere. Cuando la artesanía se convierte en parte de la historia, no en decoración, encuentra su lugar de forma natural”.


En MA-RA-MI los trajes tradicionales de Rumanía son uno de sus principales referentes.
ncluir técnicas tradicionales supone solventar varios desafíos y Andra los aborda desde el respeto. “Uno de los principales escollos es mantenerse éticamente fiel a los orígenes de estas técnicas, respetando su espíritu sin distorsionarlas. Se trata de preservar la integridad de la tela en sí misma, no cortar piezas históricas solamente por efecto, y siempre dar crédito donde corresponde. Trabajar con comunidades también significa navegar por la distancia, los diferentes ritmos de trabajo y, a veces, incluso encontrar a los artesanos adecuados en primer lugar. No es rápido, pero es significativo, y ese es el valor por el que elijo apostar”.
En MA-RA-MI trabajan mano a mano con artesanos. “La colaboración es el corazón de MA-RA-MI -asegura la diseñadora-. Trabajamos estrechamente con artesanos en Rumanía y más allá, creando diálogos entre la tradición y las necesidades contemporáneas. Es un proceso de mutuo respeto y creación compartida”. Estas sinergias entre diseñadores y artesanos pueden dar como fruto una moda distinta, lejos de la temporalidad y mucho más sostenible. “Estas colaboraciones ralentizan el proceso y reintroducen la intención. Crean piezas con alma, prendas que no están ligadas a las tendencias, sino enraizadas en el significado y el cuidado”. Por eso, es importante cuidar estos oficios para evitar su declive. “El tejido, la talla en madera y especialmente, el bordado a mano -concluye Andra-. Estas artesanías contienen capas de conocimiento cultural. Sin apoyo ni educación, corremos el riesgo de perder no solamente técnicas, sino enteras visiones del mundo”.
