Made in Sat. Etnorrenacimiento en Rumanía

En este post os quiero hablar de Made in Sat, uno de los proyectos más interesantes, vibrantes e innovadores que existen en Rumanía. Made in Sat inicia su andadura en 2015, cuando se restaura la casa de la familia Gozman, en la aldea de Marin en el condado de Sălaj, al oeste de la histórica región de Transilvania. Hoy, ese hogar decorado de forma tradicional, está destinado al turismo rural. Pero esa reforma dio lugar a algo más grande.

La necesidad que tenía la zona de un espacio para proyectos culturales animó a Patricia Marina Toma a preservar el patrimonio local material e inmaterial de la región, el enriquecimiento de la oferta cultural local, el intercambio intergeneracional e interétnico y la integración del arte, la artesanía y la lectura en las actividades recreativas de la población. “Desde el principio, recibí un apoyo increíble de mi familia y trabajé en estrecha colaboración con mi madre, quien era sastre y realizó voluntariado en la Rumanía rural entre 2000 y 2007 -cuenta Patricia-. Inicié el proyecto en 2015 y en aquel entonces, en Rumanía, la gente comenzaba a reconsiderar las actividades folclóricas y culturales, así como la artesanía tradicional. De niña, nuestra casa solía alojar a extranjeros, principalmente de Francia, que llegaban al país para realizar intercambios de estudios o actividades de voluntariado social. Me resultó natural sentir pasión por trabajar con y para las comunidades”.

Neo Renacimiento étnico

Desde su creación, Made in Sat lleva a cabo todo tipo de proyectos desde recorridos textiles o patrimoniales, proyectos de fotografía y cine documental hasta la apertura de una biblioteca hasta talleres donde colaboran con artesanos y artesanas locales. “Más tarde comprendí que también formé parte del inicio de un fenómeno que los especialistas ahora llaman ‘Etnorrenacimiento’. Nuestros proyectos tuvieron un comienzo brillante y fueron increíblemente bien recibidos por la sociedad. Ese período fue muy satisfactorio para nosotros, y para mí personalmente, porque nuestro propósito siempre fue fomentar la socialización y la conexión humana a través de manifestaciones culturales”. 

Made in Sat es un proyecto intergeneracional.

Con el término ‘Etnorrenacimiento’ se hace referencia a un periodo de revitalización cultural dentro de comunidades étnicas específicas que comparte ciertas similitudes con el Renacimiento europeo en términos de un resurgimiento del interés por el patrimonio cultural y la producción artesanal y artística. 

Poner en marcha Made in Sat no ha sido una labor fácil y, como en cualquier trayectoria ha tenido sus altibajos. “A medida que el proyecto avanzaba me enfrentaba a mas desafíos -cuenta Patricia-. Y lo peor era que carecía de la información necesaria que se suponía que debía tener; por ejemplo, sólo aprendí sobre gestión cultural y documentales después de cumplir 20 años. En la escuela primaria y en la universidad no nos ofrecieron una variedad de carreras para elegir. Siento que esta fue la mayor dificultad para mí y para otros niños de mi edad que querían explorar el ámbito cultural y artístico y tenían la ‘desventaja’ de venir del campo. Sin estas bases, empecé a extrañar la creación de redes y el conocimiento sobre finanzas públicas y redacción de proyectos. Después de diez años, todavía no contamos con el apoyo de las autoridades locales pero de alguna manera, logramos sobrevivir por nuestros propios medios”.

La importancia de las herencias

En Made in Sat cuentan con una importante colección etnográfica de textiles procedentes de la dote de su pariente, Fitu Florad. “La colección textil es un proyecto multigeneracional que atesoro enormemente. Las piezas más antiguas que conservamos de nuestra familia pertenecieron a mi bisabuela y lamentablemente, solo conservamos algunas historias orales de la época anterior a ella -cuenta Patricia-. Pero ella y mi abuela nos enseñaron a mí y a mi madre la importancia de preservar los archivos familiares a través de su dote, los preciosos textiles hechos a mano y la casa en la que vivieron, que también amamos y conservamos lo mejor que podemos. Estos objetos transmiten historias de vida personales, recuerdos, artesanía y sabiduría”.

Algunas piezas de la colección etnográfica de Made in Sat.

La colección más apreciada es el ajuar familiar “que incluye numerosos textiles, dos baúles y los adornos para la cabeza cuando mi abuela era niña, la camisa de novia de mi bisabuela y muy pocas fotografías antiguas -enumera Patricia-. Floare, mi abuela, también tenía un pavo real pintado sobre vidrio y decorado con papel de aluminio de colores que colgó en su pared durante décadas, y ahora lo he heredado. No es una de las piezas más antiguas, pero tiene un gran valor emocional”.

Además, cuentan con otras piezas interesantes. “Hemos recibido unos impresionantes moldes de arcilla creados por un maestro de otro pueblo quien, tras el fallecimiento de su esposa, comenzó a crear figuras de arcilla y le dedicó numerosos poemas escritos en tablas improvisadas. Su familia nos los donó tras su fallecimiento, a los 96 años, hace cuatro. Una pieza muy valiosa que nos complace mucho preservar es un adorno para la cabeza cuya historia, la comunidad había olvidado. Tras muchas entrevistas, hemos encontrado algo de información sobre ella. Fue usada hasta finales de la década de 1920 por mujeres jóvenes solteras. Es una tela colorida decorada con monedas que solía ser sujetada sobre el cabello trenzado en la espalda”.

El bordado de las camisas rumanas es una de las artesanías más representativas del país.

Son también valiosos los ejemplos y las lecciones sobre sostenibilidad en la arquitectura y en el estilo de vida. “He aprendido a reciclar y a realizar suprareciclaje de las generaciones anteriores. Mis abuelos me enseñaron sobre la naturaleza, el clima y el comportamiento animal. Y lo más importante, fueron los únicos que me mostraron la imagen de una familia amorosa y feliz que se trata con respeto. Más tarde aprendí lo inusual que es esto, tanto para su generación como para la mía, pero les estaré eternamente agradecido de que me hayan demostrado que es posible. En definitiva, el patrimonio es una parte viva y en constante evolución de quienes somos. Al valorarlo y adaptarlo, podemos crecer”.

En el campo o en la ciudad

La conservación del patrimonio material e inmaterial de una localidad, de una cultura o de una etnia es una tarea que requiere dedicación. “Tanto los contextos rurales como los urbanos presentan desafíos y oportunidades particulares para la preservación del patrimonio”, asegura Patricia.

Varias piezas de la colección etnográfica de Made in Sat.

Los entornos rurales tienden a tener costumbres más estables que se transmiten de generación en generación gracias a los vínculos comunitarios más sólidos y a un ritmo de cambio generalmente más lento. “Estas tradiciones orales, prácticas artesanales y rituales consuetudinarios están profundamente arraigados en la vida cotidiana de las personas y por lo tanto, proporcionan un entorno natural para su perpetuación. Sin embargo, el patrimonio rural también está sujeto a factores como la migración, la transformación económica y el deterioro de los medios de vida tradicionales, lo que puede conducir al declive de los sistemas de conocimiento locales”. Lamentablemente, hoy los pueblos y las áreas rurales de Rumanía sufren “una gran escasez de proyectos culturales, artísticos y educativos”.

Mientras, en las áreas urbanas el patrimonio se ve sometido a diferentes presiones como la rápida modernización, el consumismo y la comercialización. Aunque “el patrimonio puede recibir apoyo de instituciones como museos, investigación académica y programas de financiación cultural… La experiencia directa con el patrimonio suele distanciarse y aislarse de su contexto social y ambiental original. La práctica del patrimonio urbano se basa más en informes formales y esfuerzos de recuperación que en acciones concretas y sostenidas por parte de las comunidades”.

El boom del Neorruralismo

Existe una controversia a propósito de que en las zonas rurales la tradición se vive con más intensidad que en las ciudades o, por lo menos, se tiene un mejor acceso a ella. “El interés por la cultura tradicional rural está determinado por numerosos factores sociales y económicos -puntualiza Patricia-. Si bien algunos grupos se involucran positivamente en los eventos culturales, considerándolos un elemento que refuerza la identidad y la continuidad local, otros ven la tradición como algo que debe evitarse, especialmente donde la modernización, la migración urbana y las presiones económicas generan aspiraciones a estilos de vida diferentes”.

Muruna es un tocado realizado en papel y adornos que las mujeres solteras llevan los días festivos.

En cuanto a los lugareños, su interés y participación obedece a algún que otro factor. “Depende del tipo de actividad y de su afinidad con sus experiencias familiares. Las generaciones mayores, tras haber vivido la era comunista, tienen una perspectiva diferente sobre los eventos comunitarios y sociales en comparación con las generaciones más jóvenes de las zonas rurales. Durante estos diez años, hemos trabajado con personas mayores y jóvenes, tanto individualmente como en conjunto, así como con personas con mayor o menor acceso a actividades creativas y con gente de diferentes orígenes”.

Hay un movimiento que está dinamitando las zonas rurales: el Neorruralismo. Esta corriente no es nueva, surgió en la década de 1960 como un fenómeno migratorio de habitantes urbanos que se trasladas a zonas rurales en busca de un mayor contacto con la naturaleza a la vez que intentan dejar atrás los tiempos, el estrés, las exigencias y otras problemáticas de las grandes ciudades.

Este éxodo de la ciudad a los pueblos en busca de estilos de vida más saludables se potenció tras la pandemia. “Los neorruralistas han contribuido al panorama creativo local mediante la creación de nuevos negocios o iniciativas artísticas que revitalizan las costumbres o artesanías rurales de forma moderna”.

En Marin no era muy habitual el Neorruralismo, “por lo que durante los primeros cinco años nos centramos casi por completo en atraer a los habitantes locales. Creo que es esencial integrar el arte y la cultura en la vida cotidiana, pero para las comunidades marginadas o desfavorecidas, el trabajo sigue siendo la principal preocupación. Cuando una sociedad tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas y el gobierno no invierte en educación ni apoya a las personas para construir una vida mejor, se vuelve cada vez más difícil esperar que prioricen el ocio”.

Actividades y testimonios

Una de las actividades que llevaron a cabo entre 2026 y 2019 fue el Festival Zilele August la Marin, un proyecto cultural de investigación, conservación y digitalización del patrimonio cultural local que fomentó la participación de la comunidad. “El evento se centró principalmente en la recreación de una boda tradicional, basada en la historia de una pareja de ancianos de nuestro pueblo. En cada edición, invitábamos a una pareja diferente y representábamos el día de su boda en una obra de teatro amateur. Nuestro equipo reunió a cincuenta lugareños de todas las edades, desde niños hasta abuelos de 80 años. Queríamos crear un espacio para socializar y fortalecer las relaciones, celebrar nuestras costumbres y preservar nuestro patrimonio”. 

Ejemplos d ela colección etnográfica de Made in Sat.

Además de organizar múltiples actividades para lugareños también ofrecen planes culturales para interesados foráneos como el tour de textiles para conocer la herencia tradicional de Transilvania o la residencia para jóvenes artistas internacionales. “Hemos incluido exposiciones de pintura, conciertos de música arcaica alrededor de un fogón, muestras gastronómicas, paseos en bicicleta por los cerros y pueblos cercanos,  juegos y talleres… y aunque nuestro foco era principalmente la comunidad local, también teníamos un espacio de acampada para amigos que viajaron a celebrar con nosotros”.

Voces del pasado para el futuro

Uno de los aspectos más interesantes de Made In Sat es la recuperación de testimonios audiovisuales, principalmente de los habitantes más mayores de la comunidad. Pero hay que empezar diciendo que Made In Sat es un proyecto intergeneracional. “Esta fue la base de mi desarrollo personal -puntualiza Patricia-. Uno de mis proyectos favoritos cuando empezamos fue entrevistar a los ancianos de mi pueblo. Aprendí lecciones de vida, una parte de la historia que no me enseñaron en la escuela y representó la base de mi futuro trabajo y mi pasión por la antropología. Durante nuestro festival, sólo trabajamos en grupos intergeneracionales y nos resultó natural, ya que vivíamos en una comunidad pequeña: compartíamos ideas, cocinábamos, construíamos el espacio y hacíamos teatro juntos, niños con adolescentes y ancianos. De los ancianos aprendí constancia y responsabilidad y de los niños, valentía y creatividad. Estas cosas me acompañarán para siempre”.

Made in Sat da visibilidad a las diversas artesanías locales.

En estos testimonios son mayoritariamente voces femeninas las que aparecen porque son las mujeres las que se encargan de preservar y difundir la cultura tradicional. “Las mujeres suelen ser las que se encargan de la dote familiar y conservan los archivos familiares (fotografías, relatos orales, objetos personales) que más tarde pueden convertirse en objetos de estudio”. 

Recientemente Patricia ha estado leyendo un artículo en la revista Heritage & Society* sobre archivos familiares. “Durante la investigación para este estudio, los autores dirigieron un grupo de debate y concluyeron que, en muchos casos, son las mujeres las que recopilan y organizan los documentos y fotografías familiares. Esta dinámica suele aceptarse implícitamente, pero puede variar según el contexto emocional y cultural de cada familia. Aunque tanto los hombres como las mujeres muestran interés por la historia familiar, la responsabilidad de mantener y conservar estos recuerdos recae tradicionalmente en las mujeres”.

Tendiendo puentes

Proyectos como el de Patricia Marina Toma podrían replicarse no sólo en otras localidades de Rumanía sino también en otras ciudades de otros países de la Unión Europea. “Nuestro plan es llevar el proyecto a otras localidades de Rumanía y buscar colaboraciones. Por ahora, y en los próximos diez años, sé que es factible, pero tendremos que trabajar en ello: las personas mayores están falleciendo y necesitaríamos jóvenes que aprendan artesanías (tallado, bordado, etc.). Tengo la esperanza de que este proyecto y otros similares tengan un futuro prometedor. Sigo con gusto otros proyectos europeos que están haciendo un trabajo increíble en turismo cultural y patrimonio. Es un mundo pequeño, pero hermoso”.

Dos ejemplos de la colección etnográfica de Made in Sat.

Por lo pronto los nuevos formatos y plataformas son eficaces a la hora de tender puentes. “Pueden ser una excelente manera de visibilizar grandes proyectos, historias, artesanías y lugares increíbles. Me encanta ver que algunas instituciones culturales rumanas, como los museos, han empezado a prestar atención a llegar a nuevos públicos a través de las redes sociales y a hablar el idioma de los jóvenes. Actualmente, son muy pocos los que mantienen esta práctica pero espero que sirvan de ejemplo para otras instituciones”. 

Además, el formato vídeo se ha hecho muy popular, pero requiere tiempo. “Cuando empecé a grabar con personas mayores y lugareños, publicaba un vídeo de quince a treinta minutos y solía dedicarle mucho tiempo porque sabía que la gente lo vería. Ahora incluso me resulta difícil mantenerme al día con la creación de contenido para las redes sociales varias veces por semana, sólo para que nuestro proyecto sea visible (dependemos de ello). Sinceramente, preferiría no hacer reels ni comunicaciones en redes sociales y dedicar más tiempo a crear y gestionar proyectos, pero estoy sacando gran provecho de ello, ya que he llegado a un rincón increíble e inspirador de Instagram donde puedo ver a otros creadores y personas que comparten los mismos intereses que yo”.

  • Referencia: Anna Woodham, Laura King, Liz Gloyn, Vicky Crewe y Fiona Blair (2019): Somos lo que conservamos: El «Archivo Familiar», Identidad y Patrimonio Público/Privado, Patrimonio y Sociedad, DOI: 10.1080/2159032X.2018.1554405.