Oniricat. De la histórica barretina a la moderna bragatina

La barretina es mucho más que un gorro de lana. Es el símbolo por excelencia de la identidad catalana. Pero empecemos hablando de los orígenes de este singular gorro cuyas raíces se encuentran en el Mediterráneo. Según los historiadores, el ancestro de la barretina sería el gorro frigio (en la actual Turquía). En el mundo griego y romano este tipo de gorro cilíndrico y de punta caída ya era conocido y, curiosamente, se asociaba a la libertad: en Roma, cuando un esclavo era liberado, se le entregaba un pilleus, muy similar a la barretina.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, las gentes del mar de todo el Mediterráneo (desde Cataluña hasta Nápoles o las islas griegas) adoptaron gorros de lana similares porque eran prácticos, daban calor y permitían guardar pequeños objetos dentro del doblez. En el siglo XVIII, la barretina dejó de ser una prenda exclusiva de los marineros y se popularizó en las zonas rurales de Cataluña. Se convirtió en la prenda de diario del campesino, variando su color y forma según la región: la vermella (roja) era la más común y festiva; la morada era muy frecuente en la zona central de Cataluña y en la provincia de Barcelona; la barretina gris y negra es típica del área de mar y costa; mientras que la musca (como granate) era frecuente en las comarcas del Empordà y el Rosselló (Pirineos Orientales) y la verde, menos común, se usaba en las zonas rurales del interior.

Salvador Dalí llevando la barretina y los diversos colores de barretinas disponibles en Oniricat.

La barretina alcanzó su máximo nivel identitario en el siglo XIX con la Renaixença o movimiento cultural catalán. Entonces, pasó de ser una prenda humilde de trabajo a un símbolo de orgullo nacional y resistencia cultural. Aunque hoy se ha relegado principalmente a bailes regionales, han sido varios los catalanes ilustres —como el artista Salvador Dalí o el poeta Jacint Verdaguer— quienes las han lucido con orgullo. Hoy, gracias a la recuperación que ha hecho de ella la firma Oniricat, vuelve a estar presente en el look de las nuevas generaciones.

Oniricat inició su andadura en 2012 con el objetivo de seleccionar objetos representativos de la tradición catalana con el deseo de mantenerla viva en el presente. De entre todos sus productos, la barretina ocupa un lugar especial. “La barretina, y más adelante la bragatina, es un producto fundacional de la empresa —comenta Jordi García Sánchez, fundador y director de Oniricat—. Desde el inicio del proyecto tuvimos claro que queríamos trabajar con objetos con alma, piezas que representaran la cultura catalana desde el respeto y la calidad, alejándonos del concepto de souvenir. La barretina es un símbolo identitario muy potente, pero a menudo banalizado. Darle un lugar central en nuestro catálogo fue una forma consciente de reivindicarla como una prenda cultural auténtica, bien hecha y plenamente vigente”.

La barretina perfecta

Oniricat ha recuperado la barretina original de doble cairell (borde, orilla o guarnición que refuerza la abertura del gorro que generalmente es de color negro) con la misma rigurosidad con que trabajaban los antiguos barretinaires en talleres tradicionales, empleando lana de carda y confección sin costuras. “Nuestro objetivo no ha sido reinventar la barretina, sino hacerla correctamente. Las proporciones de nuestra barretina original son de 34 cm de largo por 25 cm de ancho, en talla adulto, y responden a modelos históricos”.

Proceso de fabricación de las barretinas en Oniricat.

Ser riguroso con el diseño original es fundamental. “Cuando se pierde el rigor en el diseño y se utilizan materiales pobres, la barretina deja de ser una prenda cultural para convertirse en un simple disfraz. La autenticidad no está reñida con la contemporaneidad, pero sí exige conocimiento, respeto y calidad. Solo así se puede mantener viva una pieza tradicional sin vaciarla de significado”.

Además de ser estrictos con el diseño, también han prestado especial atención a la usabilidad de la prenda. “Hemos realizado una confección sin costuras laterales, tejido de punto enfieltrado para garantizar durabilidad y un forro interior de algodón que mejora la transpiración y el confort. Es una barretina pensada para ser llevada, no solo para ser exhibida”.

Técnicas apropiadas

Conseguir la barretina de sus sueños no ha sido una tarea rápida. “Ha sido un proceso largo y paciente, de años más que de meses. Trabajar con medios cien por cien artesanales implica experimentar con diferentes densidades de lana, procesos de enfieltrado, acabados y tintes hasta encontrar el equilibrio adecuado. El respeto por el material y por los tiempos del oficio forma parte esencial del resultado final”.

Más que ‘rescatar’ la barretina, su trabajo ha consistido en recuperar el oficio y la manera de hacer. “Existen muchas tipologías tradicionales —plana, de garbí, de niu, musca, de dos cairells, de capellà— y nos interesa que ese conocimiento no se pierda. En el futuro no descartamos explorar modelos menos conocidos, siempre desde el rigor histórico”. Además, una de las ideas que les ronda por la cabeza es indagar sobre las barretinas de otros tejidos menos invernales. “Es algo que siempre ha estado presente. Históricamente han existido barretinas de verano y de uso marinero, y nos interesa explorar tejidos más ligeros o versiones estacionales. Eso sí, siempre desde el respeto al concepto original, no como un simple ejercicio estético”.

Recuperar lana autóctona

En Oniricat han dialogado con el presente para realizar reinterpretaciones contemporáneas de la barretina, de las cuales han salido piezas muy interesantes como la barretina xisqueta y la bragatina. Empecemos por la primera: la barretina xisqueta. Una joya artesanal realizada en colaboración con el Obrador Xisqueta, que ayuda a recuperar y mantener una raza de oveja autóctona del Alto Pirineo: la xisqueta. “La barretina xisqueta es ligeramente más larga (40 cm) y representa un tributo aún más fiel a la barretina tradicional”, puntualiza Jordi.

La barretina Xisqueta de Oniricat está fabricada con lana de las ovejas Xisquetas del Pirineo.

Detengámonos un momento en esta raza ovina que es una de las más emblemáticas de la Península, no solo por su resistencia, sino por la calidad diferenciada de su lana. Durante décadas, la lana de estas ovejas se consideraba un «residuo» porque el precio de venta no cubría ni el coste de la esquila. Gracias a asociaciones y proyectos locales (como la asociación Obrador Xisqueta), se empezó a pagar un precio justo a los pastores por la lana seleccionada

Al comprar o usar esta lana se apoya la ganadería extensiva, que es vital para la prevención de incendios en el Pirineo y el mantenimiento de la biodiversidad. Es, incluso, un ejemplo perfecto de economía circular, ya que la lana se produce, se procesa y, a menudo, se teje en la misma región. “Es muy importante apostar por lo rural. No es una estrategia, es una consecuencia natural de trabajar con materiales honestos y con personas que mantienen vivo el territorio. El proyecto del Obrador Xisqueta, que paga un precio justo por la lana a pastores del Pirineo, encaja perfectamente con nuestra manera de entender el diseño: arraigo, sostenibilidad y respeto por el origen”.

Híbrido con estilo e historia

La bragatina es una pieza reversible que combina la simbología de la barretina con la funcionalidad de una braga moderna, pensada para el uso diario en la ciudad y en las actividades al aire libre. Oniricat ha transformado un accesorio rural en uno urbano y unisex. “Es un producto honesto, bien diseñado y bien explicado —cuenta Jordi—. Cuando la calidad es real y el discurso es coherente, deja de ser un souvenir y se convierte en una pieza cultural contemporánea. La bragatina es un buen ejemplo de esta transición: tradición adaptada a la vida urbana actual”.

La bragatina de Oniricat es una mezcla entre barretina y braga.

Como en otras muchas piezas emblemáticas de la indumentaria tradicional, existe un debate entre puristas y renovadores: ¿Hay que ser rigurosos con el diseño original o se puede trabajar sobre él para crear algo nuevo más adaptado a los tiempos actuales? “El diseño original merece respeto, pero la tradición no es algo estático —asegura Jordi—. La barretina siempre ha evolucionado según el territorio, el oficio y la época. Creemos que se puede jugar con ella siempre que se conozcan bien sus códigos y se mantenga su esencia. Hay límites claros que no deberían cruzarse, pero también margen para una evolución natural”. 

Accesorio con mucho potencial

Para evitar que la barretina se convierta en una pieza de museo, es importante la contextualización: “Explicar qué es, de dónde viene y por qué tiene sentido hoy. La calidad, el relato y el uso cotidiano son claves para que la barretina siga viva”.

Indiscutiblemente, la barretina tiene el potencial de convertirse en un accesorio cosmopolita, tal como el gorro de lana (o beanie). “Más que sustituir al beanie, creemos que puede ser una alternativa con identidad propia. No se trata de globalizarla sin contexto, sino de mostrarla como lo que es: una prenda mediterránea con historia, carácter y valores”. 

La barretina ha sido siempre símbolo de la identidad catalana y, aunque se podría pensar que con la globalización puede perder relevancia, sobre todo entre la gente más joven, en Oniricat piensan que no es un problema de la prenda, sino de cómo se ha explicado. “Cuando los jóvenes entienden el significado, el origen y ven una propuesta bien hecha y actual, el interés aparece. La tradición no desaparece: se transforma. Y nuestro trabajo consiste precisamente en facilitar ese puente entre generaciones”.