Méndez Vieira. Orfebrería de raíz

La joyería es un elemento esencial en la indumentaria tradicional. Pendientes, colgantes, broches, pulseras, anillos… e incluso botones. Regiones de muchos países europeos destacan por cultivar una orfebrería propia que se convierte, a través de los siglos, en símbolo cultural. En el taller Joyería Popular y Tradicional Méndez Vieira, se reproducen, mediante técnicas artesanales, todo tipo de piezas de diseño tradicional y además, utilizando esas técnicas, realizan piezas con diseños más contemporáneos. Su taller se encuentra en La Alberca (Salamanca. España), una zona donde destacan la técnica de la filigrana en oro y plata y un elemento único: el botón charro.

Chema Méndez lleva el taller familiar. “Desde niño he notado ese proceso hipnótico que ejercía sobre mí el entrar en el taller de mi padre, donde todo allí me atraía, todo me parecía enorme, intenso y atractivo. Los olores a las maderas y corchos quemados para las filigranas, los vapores químicos del dorado, de la potasa, de las pastas de pulir, de la cera virgen en la plata caliente, de la gasolina en los sopletes, habitan en mi cerebro como una puerta entornada para recordar estas experiencias emocionales. Aquél santuario de paredes tiznadas me parecía el laboratorio de un alquimista con ese componente esotérico y ese conocimiento secreto de los metales solo reservado a unos cuantos. Aprender el oficio de tu padre no sólo implica recibir conocimientos y habilidades prácticas de alguien con experiencia directa, lo que te brinda una base sólida y un aprendizaje rápido y efectivo, sino que te hace conectar con tus raíces y te permite mantener vivas las tradiciones familiares. Esto también proporciona la oportunidad de absorber los valores y la ética profesional que él desarrolló a lo largo de su carrera”. 

Hilos tan finos como cabellos

La filigrana es una técnica de orfebrería utilizada en la joyería artesanal. Consiste en rellenar con finísimos hilos de metal, generalmente oro y plata, figuras previamente elaboradas por el artesano que conforma una compleja estructura similar a un encaje. Por su parte, la filigrana Charra, originaria de la provincia de Salamanca, se ha convertido en símbolo de la cultura y tradiciones salmantinas. 

A la izquierda, pendientes en filigrana de plata y a la derecha, colgante aderezo ‘Sapo’ en filigrana de oro.

Chema es uno de los pocos expertos que quedan de esta técnica. “En el proceso es imprescindible la formación técnica y también aprovechar los avances que la innovación mecánica nos proporciona aunque, en ocasiones, pueda invadir espacios del trabajo manual y, lo que comenzó siendo una aliada, pase a ser un enemigo. En este caso, nos rebelamos contra la máquina y su perfección y abrazamos las irregularidades del trabajo hecho a mano”. 

Los Sapos, esas piezas tan características del siglo XVIII, son un ejemplo de ello. “En muchas ocasiones, la complejidad del procedimiento se suple con los trucos reservados de cada quehacer, que solo pueden adquirirse por transmisión oral del maestro al aprendiz. En esta transferencia de habilidades sigue basándose la autoridad del maestro al convertir el saber en un secreto personal -prosigue Chema-. El dominio y la perfección del oficio se alcanzarán a través de la práctica repetitiva, proceso que, además, permite la autocrítica. Solo la destreza manual y en parte el talento, que nunca podrá sustituir a la formación, conseguirán la elaboración de piezas variadas y, a la vez, fieles al estilo tradicional”.

Botón de muestra

La pieza más representativa de la joyería charra es el botón y tiene una forma tan ancestral como la representación solar. “En nuestro caso, han sido interpretados con técnicas de filigrana con evolución a formas convexas como las que hoy conocemo adaptándose principalmente, para candar diferentes prendas en la indumentaria. Estos abrochos tan habituales en la joyería popular en Salamanca se han posicionado como un elemento de identificación local, y son también los más repetidos para candar los jubones de las vistas. La estructura de los más comunes es cubada con diferente altura, desde los casi planos hasta los medios domos, siempre forrados con un hondón de chapa, también cubado en buena medida, lo que permite dar realce y vistosidad. En modelos más trabajados, este hondón también puede aparecer afiligranado”.

A la izquierda, botón charro en anillo y a la derecha, broche para capa con botón charro y bellotas. Ambos, en plata.

Para la manufactura en los diferentes tamaños, en su taller emplean un patrón de medidas llamadas vitolas, que determinarán la longitud de los extremos. “Son los extremos el hilo plano segmentado que se forma al desmadejarlo de la vitola en la que se ha enrollado y que será el inicio para conformar el diámetro de la armadura en la roseta base -prosigue Chema-. En cuanto a su formato, es decir, la cantidad de alvéolos de los que se compone, no responde a ninguna teoría concreta. Preferentemente, utilizamos un número de piernas pares porque facilita la construcción y cerrado de la roseta, pero igual se puede construir con patas impares. Las filas de graneado y coronas de cordón sogueado, con las que adornamos su superficie, no dependerán de nada más que del barroquismo del platero y del modelo predominante en cada zona”.

Dentro de la indumentaria salmantina pueden distinguirse dos tipos de botones bien diferenciados. “Uno es el que se estila en la Sierra de Francia, conformado con un número inferior a ocho piernas, armado con una sola vuelta de granos y una o ninguna corona de cordón; la tipología serrana lleva un relleno de filigrana muy abierta que le transmite una sensación liviana y también más endeble, lo que facilita su deterioro. Asimismo, tenemos el tipo salmantino, confeccionado con más piernas, entre ocho y doce, adornado con dos o tres coronas de cordón sogueado y con dos filas de graneado. Esta estructura le confiere un aspecto recargado y pesado, a la vez que lo hace más robusto y así, adecuado para la reproducción a microfusión”.

Pieza clave del traje de vistas

Una de las piezas clave del traje de vistas de La Alberca es el collar. Una cascada de filas de piedras de coral al que se le incluyen multitud de amuletos y relicarios de plata. “El diseño de las collaradas en las vueltas del traje de vistas corresponde a una disposición clásica basada en alternar elementos cilíndricos con otros esféricos, reproduciendo una estética ancestral -describe Chema-. Encontramos hechuras similares a las collaradas albercanas en varios pueblos antiguos distantes entre sí. En todos los continentes, en diversos momentos históricos y respondiendo a inquietudes culturales muy diferentes, la orfebrería nos ha dejado ejemplos de collares similares a los albercanos y muchas de estas joyas han llegado hasta nosotros, bien a través de su reproducción en esculturas o gracias a los tesoros desenterrados en yacimientos arqueológicos. En España, la joyería tartésica nos deja piezas semejantes a estas composiciones en los hallazgos arqueológicos de Aliseda. También contemplamos estos elementos en los collares nazaríes de los siglos XIV y XV aparecidos en los tesoros de Mondújar, Betanrique o Bérchules. Esta tipología de cuentas gruesas y cilíndricas, al igual que las técnicas con las que se realizaron, son los mismos con los que siguieron fabricándose, en épocas de los Austrias, en talleres de Salamanca, Astorga, Córdoba o León”. 

A la izquierda, el traje de vistas con sus impresionantes collares. A la derecha, relicario en plata.

Técnicamente, “La labor que se observa en estas piezas, como la filigrana sobre láminas, el graneado o el esmaltado en celdillas, los seguimos aplicando en la platería popular actual”. Además, el coral es el material más utilizado en estos collares. «El coral es también identificador del arcaísmo de estas alhajas: mágico, profiláctico y seductor, insustituible e imprescindible en la formación del conjunto. Imposible resistirse a su poderoso influjo e incuestionable belleza. Es el coral al que más sustitutos se le buscan en la joyería popular, bien sea por su alto precio, por su relativa escasez debida a su mortalidad excesiva por el calentamiento de las aguas o por interés ecológico en la conservación y recuperación de la especie, dada su lenta tasa de crecimiento”. 

Con las raíces como inspiración

Además de restaurar joyería antigua, en el taller de Méndez Vieira se realizan piezas de diseño contemporáneo pero manteniendo la esencia tradicional. “Elaboro mis colecciones anuales aplicando los conocimientos de la filigrana sobre nuevas formas de expresión sin interrupción -explica Chema-. Con el tiempo, te das cuenta de que esta forma de trabajar conlleva el agotamiento de las ideas interpretativas, surgiendo dudas sobre el sentido de tu labor. Es entonces cuando la tradición se convierte en el punto de partida y retorno al origen. Como originalidad, te emocionas con lo simple, con las primeras soluciones, y la obra que aparece es el resultado del goce de nuestros sentidos”.

A la izquierda, el taller de Chema Méndez. A la derecha, aderezo sofocante de cuatro cuerpos.

Trabajar en la restauración de trabajo de restauración le ha permitido también ahondar en las piezas antiguas que han pasado por sus manos, herencias familiares que, salvo excepciones, resulta difícil que hayan abandonado sus arcas y separado de sus dueños. “Son reparaciones que siempre suscitan serias dificultades por lo deterioradas que están. En algunos casos, las joyas ya han tenido una reparación poco solícita, en la mayoría, utilizando estaño para las uniones o intervenciones agresivas, añadiendo retoques que obligan a deshacer antes de ponerse a hacer. Una mala praxis que me posibilita desmontar las piezas y descubrir sus entresijos y, de esta manera, introducirme en ellas. El sobreesfuerzo de una mala intervención anterior, en compensación, me permite entender y conocer de primera mano los procesos que se emplearon en su montaje, la composición de las soldaduras o las aleaciones que presenta la colada. Cuando me confían una pieza y esta entra en el obrador, se me concede el privilegio y la posibilidad única de escudriñarla. Estas joyas son reconocidas como el modelo por excelencia y portadoras de la información precisa. El manosearlas me faculta para llevar a cabo una buena reproducción sin admitir innovaciones ni interpretaciones”. 

En la tienda-taller de Méndez Vieira cuentan con un pequeño museo de trajes y joyería tradicional de La Alberca. “Es una pequeña exposición sobre todo para poder mostrar las joyas -finaliza Chema-. La sala muestra actualmente una completa colección particular de todos los trajes albercanos y de las joyas que los adornan, ambos elementos transmisores del comportamiento social y depositarios de la tradición de las diferentes culturas que convivieron en La Alberca durante siglos, por consiguiente, de necesaria visita para todo aquel viajero que quiera comprender y disfrutar del actual carácter albercano”. Merece una visita.

Taller de Joyería Popular Méndez Vieira. C/ Llanito nº 10. 37624 La Alberca (Salamanca. España)