Tejer ligas, cintas y ataderos

El 1 de febrero de 2025 en el Centro Cultural de El Espinar (Segovia. España) el etnógrafo Carlos Porro va a impartir un interesante taller práctico donde se enseñará a confeccionar ligas, cintas y ataderos, unos accesorios que podrían parecer insustanciales y secundarios si no fuera porque son una pieza muy destacada de la indumentaria tradicional que está empezando a suscitar ingterés.

Las ligas, cintas y ataderos sirven, como bien dan a entender sus nombres, para atar las cinturillas de las faldas o las medias. “Al margen de ser una pieza de la necesidad para el vestir cotidiano, básicamente para evitar que se caigan, no dejan de ser un adorno festivo. Lo que pasa es que en muchas ocasiones esas cintas tenían un adorno determinado en algunos casos como el de los danzantes para el Paloteo, aunque por lo general, los casos cotidianos no solían verse salvo en algunos casos puntuales y localidades de la tradición. En los hombres solían colocarse las ligas a la altura de la rodilla y adornadas en algunos ejemplos segovianos con varios madroños de colores. Este tipo de encintado servía demás para el remate de las sayas y manteos, mandiles y como orillo o vivo de algunas otras piezas tradicionales del vestir”.

Una manualidad en auge

El taller va a comenzar mostrando cómo es el uso de la lana y el manejo de la rueca para conocer la naturaleza del hilo con el que posteriormente se trabajará. El aprendizaje se realizará en telares manuales, que son la base de estos encintados. “Aprenderemos y practicaremos en estos telares manuales la técnica para poder confeccionar. Ordenaremos el entramado de tramas y urdimbre para poder elaborar estas cintas cuya finalidad será servir de ligas o de remates de las cinturas de los manteos o mandiles; a veces también podían utilizarse como ataderos de las mantillas de paño de las envueltas de los niños pequeños o por ejemplo, con lo que se hacía los raberos de los panderos cuadrados de Peñaparda o sea, los asideros por los que se colocaba el dedo para tocar”.

Esos pequeños telares de mano, de uso muy casero, son una manualidad muy popular en otros países europeos (como es el caso de Kerstin Neumüller y sus telares de bajo lizo). “Estos telares simulan los peines de los telares grandes de pedales de los tejedores en los que se trabajaban los paños o las piezas de lienzo con los que muchos artesanos y artesanas elaboraban desde los flecos y ribetes de las propias mantas y colchas a estas pequeñas tiras y encintados que se tenían para usos muy diversos”. 

En cuanto a las materias primas que se van a utilizar en el taller “son algodones y estambres de lanas de colores, pero depende un poco del uso y finalidad en la que iban a estar destinadas estas piezas”. La misión es que, una vez aprendido, los y las participantes puedan realizar la labor en casa.

Una muestra de amor

Antaño, las ligas eran un  regalo entre enamorados. “Estas piezas propias del ajuar tradicional así como algunos pañuelos de poco coste eran siempre excusas de regalo para entablar relaciones entre las personas. En la tradición castellana hay algunos referentes del siglo XIX en los que se recoge que la muchacha regalaba las ligas al novio y éste se servía de una de ellas para ajustarse la parte del calzón en la espalda dejando colgar parte de la pieza de colores”, comenta Carlos.

Cinta decorada con frase y calzones con picados.

E incluso se podían personalizar. “En telares más especiales se podían trabajar letreros y leyendas con los nombres de los propietarios o algunas frases emblemáticas como la conocida de ‘Quien estas ligas recibe dentro de mi pecho vive’, dejando cada octosílabo de texto para cada una de las liga”.

A pesar de su estrechez, las ligas, cintas y ataderos dan mucho juego. Aunque por comodidad, la gente prefiere comprarlas ya fabricadas. “La modernidad de comercios y tiendas en la que llevamos inmersos desde hace varios siglos hace que muchas piezas que se fabricaron industrialmente en el extranjero, en las fábricas catalanas, de La Mancha o Maragatería se vendieran por toda España sin necesidad de tener que hacerlas o tejerlas más que en los sistemas económicos más arcaicos y autárquicos españoles”.

Pero esto está cambiando porque cada vez hay más gente interesada en aprender. “Es una pieza que está empezando a despertar mucho interés porque es un elemento bonito, sentido, con una gracia estética que está empezando a ser utilizado -de factura artesana- ya con cierta frecuencia en los colectivos que utilizan la indumentaria para la muestra del patrimonio y que además puedes fabricarte tú mismo con cierta pericia y soltura. También hay una especie de querer dar un exceso de visualización a este tipo de piezas que tuvieron mayoritariamente un uso interior y cuidado y que de solo vez en cuando, en culturas y ocasiones señaladas, se hacía visible a los ojos de todos”.