La riqueza del traje gallego reside precisamente en su diversidad geográfica. No existe un único ‘traje gallego’, sino una multitud de variantes que reflejan las condiciones climáticas, económicas y sociales de cada zona. Por ejemplo, el traje utilizado en áreas de interior (Ourense, Lugo) suele ser más abrigado y austero que el de la costa o de las Rías Baixas, que puede ser más colorido.
La vestimenta también difiere según el ámbito en el que se utilice. Si es para realizar las faena del día a día o trabajar en el campo, la ropa es más sencilla, funcional y sobria (en tonos oscuros). Preferiblemente, debe ser resistente a los roces y al paso del tiempo y, por tanto, suele estar confeccionada en duraderas lanas gruesas para protegerse del clima y duren mucho. Mientras que los de gala, se elaboraban con los mejores tejidos (seda, terciopelo, paño fino) y ricamente bordados y adornados.
Creatividad y personalización
Todas estas variedades del traje tradicional gallego no son ningún secreto para Fátima Fernández Brandariz. En Silleda (Pontevedra) Fátima tiene su atelier, Branda’s, donde realiza ropa a medida de todo tipo, aunque la creación de ropa tradicional gallega supone una parte muy importante y destacada de su trabajo. “En la confección a medida, normalmente me ciño un poco a lo que demanda el cliente ya que es un trabajo personalizado y es él quien va a lucirlo, así que es importante que quede totalmente a su gusto”. En sus trajes, sus clientes se ven y se sienten guapos y guapas vistiendo a la antigua.


Entre los iconos de la cultura gallega están la lareira de los hogares, las polainas del traje tradicional masculino y la pandeireta.
Aunque en Branda’s priman el gusto, las necesidades y los deseos de los clientes, a Fátima le gusta que se dejen aconsejar, después de todo, ella es la experta. “A veces, tengo la suerte de que confían en mi criterio y me dejan un poquito de margen para expresar mi creatividad, y eso está guay. Me encanta empaparme del saber hacer tradicional, de conocer el porqué lo hacían así, si respondía a una moda de la zona o si era más por gusto personal… y luego, aprovecho estos conocimientos en los trajes de hoy… Es decir, recrear lo tradicional pero que haya un espacio para el gusto personal y que quede bonito”.
A la hora de ponerse manos a la obra, sus trajes favoritos son los de gala, especialmente por su belleza. “Creo que porque emplea más técnicas y saberes… puntillas de bolillos, vainicas, nido de abeja, bordados coloridos, bordado al aire…. pero es gusto personal, simplemente”.
Al crear un traje tradicional desde cero, Fátima apuesta por la inovación siempre y cuando se respete la silueta de los trajes clásicos. “Está bien conservar una base tradicional pero hay cosas que no cambian la esencia pero dotan al traje de mayor comodidad a la hora de vestirlo, o simplemente lo hacen más lucido y, si me lo permiten, introduzco el cambio”.

La saia (o saya, en castellano) es larga y voluminosa y se complementa con enaguas o mandil.
Uno de los cambios a los que se refiere Fátima es, por ejemplo, el de los cintales de las faldas. “Antes eran estrechitos y eso, en una falda de paño, con el peso que tiene y que soportas durante las horas que la llevas puesta, te machaca la cintura. A día de hoy, prácticamente todas las faldas que salen del taller llevan un cintal ancho, y las chicas lo agradecen. Además, no se les ve así que, a no ser que sea para un concurso donde se premie la recreación exacta, lo adaptamos a la mayor comodidad”.
No es sólo hacerse un traje
A lo largo de este tiempo, Fátima ha podido constatar que cada vez más la gente se anima a hacerse su traje tradicional. “Quien realmente le da valor al traje tradicional y lo ve como parte de la cultura, se anima a hacer el suyo propio porque va a ser único, y muchas vece, piensan en utilizarlo, pero también en dejarlo como legado para quien venga detrás, que es algo muy bonito… Hacer un traje y que ese traje se vaya empapando de historias que luego quizás pasen a otras generaciones”.
Eso, teniendo en cuenta que hacerse un traje tradicional a medida, desde cero, no está al alcance de todos los bolsillos. Por eso, el ingenio de la gente va desde comprar uno de segunda mano y arreglarlo a su fisonomía, o adecuar uno heredado o, en su defecto, confeccionarse las prendas a medida que le faltan al traje que ha sido legado. “Por mi taller no pasa tanto quien lo compra de segunda mano y lo necesita arreglar, que alguno hay si, claro que sí y es mucho más económico. Pero si vas a lo económico, también puedes hacerlo con materiales básicos y sin mucho adorno”.


Camisa y saia creadas por Fátima Fernández Brandariz en su atelier, Branda’s.
Hay otra opción, y esa es la de reciclar materias primas desusadas. Tengo la fortuna de que por mi taller pasa quien tiene una sábana, una manta e incluso sacos de harina de tela, antiguos, de abuelos o bisabuelos, y lo quiere convertir en una prenda. Las telas de antes tienen unas calidades alucinantes y además tienen esa nostalgia de hogar que por sí solas, ya es un plus. Ahí también hay un desembolso porque a lo mejor tienes la tela pero necesita ir acompañada de una puntilla o de un bordado que te va a suponer apoquinar, pero lo los clientes lo hacen con gusto. Hay una canción que dice ‘A media pide zapato, o zapato pide media’”.
Cada vez van quedando menos artesanos, mercerías o pequeños establecimientos donde encontrar todo lo necesario para la creación de trajes tradicionales. Pero, como dice Fátima “afortunadamente, por el momento, se puede conseguir de todo. Muchos comercios no tienen relevo y se nota, porque cuesta más encontrar esa cosa concreta, quizás lleve más tiempo y te haga dar más vueltas para dar con ella, pero por el momento, no es imposible”.
Exterior vs. interior
Al igual que las prendas exteriores, las que se ven, en Branda’s se cuida mucho el interior, aquellas piezas que quedan más ocultas, como las enaguas o las camisas. “Considero que es importante cuidar todos los detalles y, para ir bien vestido, hay que empezar a vestirse con propiedad desde el interior. Además, si es para baile por ejemplo, al dar una vuelta, unos pololos o una enagua bonitos lucen muchísimo y suele arrancar el aplauso de los espectadores. En el caso de los chicos, imagínate, van de chaleco unas mangas de camisa bonitas llaman la atención”.


En Branda’s crean unas magníficas enaguas para llevar bajo la saya o para lucir con prendas contemporáneas.
Algunas piezas del traje, ya sea una enagua o un dengue bordado, por ejemplo, puede llevarse con prendas contemporáneas en el día a día. “Y de hecho cada vez hay más quién se atreve a ponerlos, y no es para menos porque son unas piezas espectaculares. Muchas veces se mezcla un vestido modernito con un bordado al aire, y le da un toque super elegante así que, si. Es una tendencia al alza y yo lo celebro”.
En Galicia ahora hay muchas creadoras que trabajan basándose en los trajes o en algún elemento en concreto de ellos (como la sombrerería o el bordado, por ejemplo) para crear productos novedosos. Es muy importante que los diseñadores emergentes se inspiren en sus raíces. “Eso es parte de la cultura de un pueblo -finaliza Fátima-. Que se inspiren, lo empleen, lo lleven a al actualidad y lo combinen con ‘lo que se lleva’ lo veo como poner un granito de arena para que no se pierda la tradición y mantener nuestra seña de identidad”.
